Vamos a ver, este relato o reflexión es más bien una de esas muchas cartas que yo suelo escribirle a mi fanática favorita, que soy yo misma aunque este mal decirlo, y tiene más que ver con la vida real que con las historias que suelo leer. Y yo sé, sé que en algún momento (real o ficticio) nos hemos enamorado de un personaje secundario, es una acción que solemos repetir no una, sino muchas veces. No obstante, un día que me levanté a mitad de la madrugada mientras atravesaba por "cierta experiencia dolorosa", me escribí lo siguiente:
17 de Enero de 2015. Siendo las 02:00 a.m.
¡No te enamores de los personajes secundarios!
Los personajes secundarios van y vienen. Entran en tu historia por una razón y salen por otra. Algunos tienen mayor relevancia que otros en tu vida; como aquellos personajes que están antes de ti y de vez en cuando permanecen a tu lado hasta que les ves morir. Me estoy refiriendo a tus padres (cuando tienes la dicha de tenerlos, cuando gozas del privilegio de que te quieran consigo); hay algunos otros que se quedan a tu lado por trayectos más largos, llámense amigos, familiares, conocidos e inclusive parejas (cuando existe el compromiso); al final están los extras, esos que están ahí, no de relleno, sino para terminar aclimatarlo todo. Pequeños engranes que sostienen piezas importantes, gracias a ellos todo tiene más precisión, más firmeza.
Como sea. Ninguno, ninguno de ellos. No debes esforzarte tanto en seguir sus huellas. No tienes que olvidar al protagonista de la historia: la historia eres tú.
Aférrate a tu historia. Deshébrala, deshílala, desescribela, desnárrala, acomódala, edítala, organízala y una vez lista, ¡ámala!, nadie más va a hacerlo por ti, porque cada quien tiene su historia y cada quien debe amar primero la propia y después, sólo quizá, podrá meter la nariz en alguna otra y amarla.
Empieza, mujer por entender que, por mucho que gozas de la compañía de dichos personajes, por mucho que los puedas amar, no debes encadenarte a ellos, ni dejar que se encadenen a ti.
Acábate de meter en la cabeza, aunque sea con un disparo cruel y frío que tú eres tú y lo seguirás siendo sin importar quien se vaya o quien se quede. Entiende, por tu bien y el mío, que esos personajes no van a quedarse para siempre, están de paso. Están a tu lado porque las historias así han querido, así han tenido que cruzarse, porque cada paso que diste (aunque fuera forzado) y cada paso que los demás dieron los han llevado justo a donde están. Están juntos por un propósito que, supongo yo (y digo supongo porque no pretendo dármelas de omnisciente), es agregarle cantidad al cuento, para hacerlo más real, para que tome vida, para que cautive al lector que es uno mismo (y es que la condición del ser humano es tan desdichada que le dan a uno arranques de adoración por historias ajenas. Y la nuestra, agonizante, busca llamarnos); también para sumar anécdotas, para agregar vivencias y para multiplicar, qué digo multiplicar, para elevar a máximas potencias nuestra experiencia. Por que si no estuviéramos buscando ser "algo" o "alguien" la vida no tendría sentido. Sería como escribir una historia infinita que no llega nunca a su desenlace, como vivir navegando sin jamás encallar, como dormir sin sueños, como frascos de dulces sin dulce alguno, sería vacío.
Nuestros personajes secundarios están porque de alguna forma, no entiendo cuál, les necesitamos y nos necesitan. Con toda la cursilería en los labios al borde de la pluma, nos necesitamos.
Pero estaremos de acuerdo en que no podemos "necesitar" algo por siempre. Una vez que hemos obtenido satisfacernos, cuando se haya saciado el propósito la "necesidad" se irá y ellos con ella porque probablemente sus necesidades también hayan cambiado.
Entonces, amiga mía (probablemente la mejor que tengo y la única que conservaré toda la vida), hagamos un trato, lleguemos de una vez y por todas a un acuerdo. No, no necesario. Más bien riguroso. Aceptemos, tanto tú como yo (porque ya no sé cuál de las dos está más loca, si usted por despertarse a leer o yo por despertarme a escribirle esta epístola del alma) que nuestros personajes secundarios harán "cosas", no necesariamente buenas, no rotundamente malas, harán "cosas" y estas nos impactaran de una u otra manera, lograran hacer que vibre cada hilo del tejido en el que se encuentran. Ellos causaran un impacto, pero eventualmente se irán.
Y no lo harán todos de la misma manera. Habrá quienes lo hagan poco a poco, habrá quien lo haga a prisa y quien lo haga de tajo. También habrá quienes digan adiós y gracias, los que sólo digan adiós y los que no digan nada. Así son las despedidas inexplicables e impredecibles.
Volvamos al punto central, pongamos nuestro acuerdo en líneas y pactemos unas cuantas cláusulas:
Volvamos al punto central, pongamos nuestro acuerdo en líneas y pactemos unas cuantas cláusulas:
- NO SE LO TOME PERSONAL
Entonces, le reitero, no se lo tome personal. No lo ha hecho con dolo. Lo ha hecho, o lo habremos hecho, por idiotas, por aprendices estúpidos que somos buscando el camino. Usted ande y tome riesgos, rómpase un hueso o dos, el corazón si quiere; descalábrese, no tenga miedo que está aprendiendo. Si alguna vez lastima ayude a levantar, pida disculpas y si el daño no tiene enmienda siga su camino que quedándose ni ayuda, ni se ayuda; si alguna vez la lastiman, quéjese. Llore, maldiga, pero después levántese y si el daño ya no tiene enmienda no se quede ahí, compadeciéndose, buscando un culpable, esperando auxilio o consuelo. No, usted siga su camino.
- NO SOBREVALORE NI SUBESTIME.
No se subestime, usted puede lograr todo lo que se proponga, aunque nadie le crea, aunque nadie la apoye. Usted es fuerte, usted es sabia, usted puede levantarse luego de caer, sanar sus heridas o al menos limpiarlas para que no se infecten; y no subestime, que sus personajes secundarios tienen, sin duda, la misma capacidad que usted. Quizá dormida y perezosa, quizá altiva y altanera, pero la tiene.
No se sobrevalore que no es usted de piedra, ni de acero. Y si quiere usted decir o pensar que es "de hielo" acuérdese que este también se rompe, también se derrite, y aunque corta y quema también es divertido y puede ser transparente. Déjese caer, llore, analícese y júzguese. Permítase albergar sentimientos intensos que la destruyan y luego busque la mejor manera de reconstruirse con lo que quedó. Nunca diga que no ha quedado nada, hasta la más mínima ceniza es "algo"; no sobrevalore a los demás, no son dioses. Ellos también sufren, ellos también tropiezan y también lloran. Auxilie pues y déjese auxiliar de vez en cuando que ese es nuestro propósito.
No haga de más ni de menos, simplemente valorese tal cual es y valore a los demás tal cual son, como sus iguales.
- CUMPLA UN PROPÓSITO, SU PROPÓSITO.
Acuérdate que, tú eres tu personaje principal y a la vez, el personaje secundario de todos tus personajes secundarios. Así como ellos tienen un propósito que cumplir en tu historia, tú tienes un propósito para con ellos en sus historias.
Dedícate pues a vivir tu vida en su compañía, no te prives de tu propósito, no seas envidiosa contigo misma y compartete a ratos. Vive tu vida a tu modo, aunque a los demás no les parezca y busca siempre tu felicidad. Y también así, busca significar algo, hacer algo que valga la pena, dejar una huella por donde vas pasando. Mientras la felicidad de otros no sea criminalmente en tu contra, cuando te quede al alcance procurala que recibir una sonrisa es, sin lugar a dudas, una de las mejores manera de hacer sonreír a una misma.
Así pues, damita de las grandes dudas, no te aferres a tus papeles secundarios. Déjalos hacer y déjalos irse y, de vez en cuando, déjalos volver. Busca tu felicidad, fluye, deja que las cosas sigan su cause, su ritmo natural. Goza de su compañía, pero aprende que es sano decir adiós, saber decir adiós.
Suena complicado, sí. Pero si me lees a diario, algún día toda esta maraña de letras (que a mi desdén parecen patas de araña)**, tendrán lógica, algún sentido. Cuando se lo halles, escríbeme y explícame. Y ámame porque necesito ser amada.
Son las 3:04 de la madrugada, ellos tienen sueño y es hora de dormir. Se despide de ti quien a amarte empieza, quien con ganas lo intenta, quien cuidarte se ha propuesto y quien enteramente te pertenece.
Esa anónima poeta nocturna.
**Esta línea tenía más sentido cuando la escribí porque la escribí en la madrugada después de desperezarse un poco, así que la caligrafía era caótica. Letras torcidas chuecas y yuxtapuestas. Dije a mi desdén porque a parte de todo, soy aracnofóbica.
Si la carta ha sido de tu agrado, sería genial que lo compartieras en un comentario.

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