El día está soleado y el calor que el sol despide está causando estragos en la quermés. Así será más difícil recaudar fondos para e viaje de fin de curso. Habría jurado que el pronóstico del tiempo anunciaba nubes con baja probabilidad de precipitación. Confíe ciegamente en que eso fuera cierto y resultó que no hay una sola nube en el cielo. Muy por el contrario el sol reclama su territorio y está tratando de calcinarnos a todos aquí abajo. Las personas no están disfrutando de las actividades y están comenzando a marcharse, puedo notar como poco a poco el lugar va quedándose vacío. Algunos de mis compañeros de clase han desistido y se han dado a la fuga cuando no estaba mirando, así que somos menos manos para sacar a flote este barco que quiere hundirse. Ser la coordinadora de actividades en el aula es algo muy molesto. La espalda me ha dolido toda la semana a razón del estrés. Me parece que este no va a ser mi día.
Sigo trabajando en las actividades planeadas, ahora tengo más terreno que cubrir gracias a los desertores que se han escabullido fuera de la responsabilidad de atender a personas irritadas. De los 18 hemos quedado poco menos de 9, entre ellos mis amigas Frida, Catherine y Eva van de un lugar a otro para ayudarme con más personas. Los niños son particularmente difíciles ya que el sol los irrita más que a nosotros, si alguno llora voy a estar en problemas. Nada ahuyenta más a la gente que el insistente llanto de un niño y los tres encargados de distraerlos se han ido. ¡Menudo problema en el que me voy a ver cuando alguno de ellos decida que quiere llorar para obligar a sus padres a hacer lo que sea que quiera que hagan!
Por otro lado, se ha nublado el día y eso parece apaciguar a los jóvenes, que de nuevo se sientan alrededor de la mesa para jugar lotería, el chico a cargo parece feliz de jugar. Algo menos de que preocuparme. No obstante, algo nuevo llama mi atención, ¿dónde está Oliver? Lo dejé a cargo de la máquina de algodones de azúcar y no está ahí. Espero que no haya ido lejos (o que no se haya fugado, es de esa clase de despreocupados). Me tranquilizo cuando lo veo ocupar su lugar, cargando el tanque de gas y los globos de colores, seguido por una marchanta de niños demandantes.
Después de horas de ajetreo finalmente termina el día. Estoy dolorida de todo el cuerpo, en especial pies, brazos y espalda. Ya me encargaré de castigar a los que se escaparon hoy. Recogemos toda la basura y guardamos los materiales, es un poco más tarde de lo que pensamos que sería. Los padres de mis amigas han venido por ellas y todos viven cerca. No creo poder conseguir un taxi por aquí, así que tendré que caminar a casa (con todo y dolor de pies). Me cuelgo mi bolso al hombro y avanzo decidida hacia la calle principal. Alguien me alcanza y camina a mi par sin decir palabra.
¡Es Oliver!
Éramos amigos en la pubertad y volvimos a reencontrarnos aquí, pero no hemos vuelto a cruzar palabra. Ni siquiera para decir "¡Hola!", se ha vuelto misterioso y un poco vago. Tiene un estilo desaliñado que contrasta con la pulcritud con la que vestía su uniforme en aquellos años. Recuerdo que solíamos pasarnos tardes enteras en su habitación jugando a la Xbox o cualquier juego de mesa como ajedrez, domino o lo que sea que estuviera a l alcance de nuestras manos. La primera vez que lo vi aquí me sorprendió verlo tan alto y tan atractivo. Bueno, a mis amigas no les parece, pero para mí resulta atractivo, aun con sus ojos demasiado rasgados y su finamente perfilada barbilla. Además su siempre alborotado cabello azabache cubriendo su frente me parece encantador.
Él camina a mi lado sin decir nada, hay tantas cosas que podríamos decir, tanta información para ponerse al día, todo lo que hicimos estos años en que no nos vimos, pero ninguno de los dos quiere romper el hielo. Yo quiero hacerlo, pero no sé si el quiera que le dirija la palabra. Ya somos muy diferentes. Jugueteó con mi cabello todo el camino, esperando que no note cuan nerviosa estoy por ir caminando a su lado, los pies están matándome. No tengo cuidado del suelo que estoy pisando y de un tropezón voy a dar de bruces contra el asfalto. Estoy demasiado cansada como para intentar levantarme, pero me incorporo fácilmente cuando siento unas manos firmes sujetando mi cintura. El calor de esas manos se expande por todo mi cuerpo con la velocidad con la que una bombilla ilumina una habitación, es instantáneo. Se siente bien.
-- ¡Joder! ¿Estás bien? -- las primeras palabras que me dirige y son a causa de que me he caído. ¡Bien hecho, Mackenzie!
-- Sí, está todo bien. Sólo perdí el camino -- trato de reír, pero el no está sonriendo. Me siento torpe, hacía mucho tiempo que no me sentía así con nadie. ¿Cuántos años tengo? ¿14?
--¿Quieres que te lleve? -- me ofrece su espalda para cargarme hasta mi casa y yo vacilo. No sé si estoy lista para el contacto físico con él. Contacto físico. Una corriente eléctrica me recorre de pies a cabeza cuando recuerdo sus firmes manos sobre mi cintura, apuesto a que se sentirían mejor en otras partes de mi piel desnuda...¿Qué demonios estoy pensando?... Oliver sigue ahí de espaldas a mí, listo para sujetar mis piernas y llevarme "a caballito" hasta mi casa. Yo vacilo, ¿por qué vacilo?
--¡Vale! -- le sonrío y me montó sobre su espalda, apretando las piernas contra su abdomen y abrazando su cuello. El sudor ha evaporado su perfume, pero aún así un suave aroma a madera es despedido de su cuello. Su cabello azabache está todo desordenado. Me apena un poco ir sobre él porque puedo escuchar como respira con dificultad, nunca he sido una mujer menuda y menos ahora que he crecido. Al parecer sus brazos son fuertes pese a no ser robustos, me ha soportado hasta aquí.
Sus manos son firmes, se sienten bien bajo mis muslos. Toda su piel se siente bien en contacto con la mía. Nuestras temperaturas se hacen una sola y un calor rico perdura entre nuestros cuerpos. De nuevo me imagino bajo su cuerpo, sin indumentaria. Me imagino lista para él, receptiva a los minúsculos roces de su cuerpo. Mi entrepierna cosquillea con la idea.
Ahora que lo pienso, hace mucho que no tengo intimidad con alguien. He estado ocupada en cualquier tontería y no he pensado para nada en mí. Me pregunto si Oliver estaría dispuesto a jugar conmigo como en los viejos tiempos. Quizá no ajedrez, pero hay otros tipos de juegos de mesa que podríamos disfrutar. Yo en la mesa mientras su lengua me recorre libremente, por ejemplo. Cierro los ojos y la sensación me inunda completamente, tengo que obligarme a recordar que no es el lugar, ni el momento para estar excitada. Enfrío mi cuerpo aunque mi mente sigue tan encendida como nunca.
-- ¿Es aquí?-- pregunta segundos antes de bajarme de su espalda. Yo apoyo despacio mis pies en el primer escalón que conduce a mi puerta. Las plantas de mis pies están calientes y caminar me escuece, pero me las arreglo para subir los escalones y buscar las llaves en mi bolsa.
-- Sí, es aquí. Muchas gracias, Oliver -- le sonrío y me doy la vuelta para abrir la puerta. Las piernas me flaquean por el ardor en mis pies. Las llaves me están jugando una mala pasada.
-- ¿Todo bien, Mack? -- sostiene mi mano y me ayuda a abrir la puerta. Me mira. Sus ojos brillan y todo mi cuerpo se estremeció cuando pronuncio mi nombre de manera informal y casual. Fue celestial. Lo miro embelesada en su atractivo y no puedo dejar imaginar cuan deliciosos deben ser sus labios.
--Sí, estoy estresada, es todo -- sacudo mis ideas. Él debe tener un montón de cosas que hacer, quizá hasta tenga una novia. No va a quedarse aquí conmigo y aunque lo hiciera, no tendríamos sexo. Aterriza de una vez, Mackenzie.
-- Tu madre conocerá algún remedio -- me sonríe. Aún está cerca de mí y puedo percibir su perfume -- estás a salvo.
--De hecho estoy sola -- digo con desinterés -- mis padres se fueron a visitar a mis abuelos. Vuelven en un par de días -- él sonríe.
-- Conozco un remedio infalible para el estrés -- echa mi alborotada mata de cabellos rojos fuera de mi cara y me mira fijamente -- ¿Puedo pasar?
-- Claro -- pierdo el aliento al pensar que estaremos solos en mi casa. Me hago a un lado y el entra a mi casa.
Me sigue hasta mi habitación y se sienta en el borde de la cama mientras yo voy al baño y me doy una ducha caliente como me lo indica él. Me tomo veinticinco maravillosos minutos y siento como la presión de los chorros calientes aminora mi malestar. Me pregunto qué tendrá en mente.

Salgo del baño con una pijama de shorts a mitad del muslo y una blusa suelta de color esmeralda que combina perfecta con mis ojos. El sigue sentado sobre la cama, su inquieto pie golpetea el suelo y sus ansiosas manos están aferradas a cada una de sus rodillas. En cuanto me ve, sonríe. Su dentadura es muy blanca y la expone ampliamente. Se pone de pie y me pide que me recueste sobre la cama. Obedezco de inmediato. Me pregunta por mi espalda y le contesto que también me duele. Él me pide que me gire boca abajo en la cama y en cuanto lo he hecho siento sus manos sobre mi espalda, acariciando los puntos de tensión. Me desmorono ante la presión de sus firmes dedos sobre los puntos exactos y lo dejo hacer. Sus manos suben y bajan, sus dedos masajean toda mi espalda y se encargan de desaparecer el estrés. Lo hacen a un lado como uno sopla las migajas de la goma de borrar del cuaderno. Mi espalda goza de los mimos y se siente como nueva. Luego empieza a trabajar con mis pies y piernas.
La sensación de las yemas de sus dedos sobre mis muslos es embriagadora, todo el dolor ha quedado atrás. Ahora mis piernas están relajadas y livianas, se ha ido la sensación de pesadez, al contrario, están muy receptivas. No quiero que se detenga así que respiro hondo y me dejo consentir sin informarle que ya no hay dolor. No pienso en otra cosa que no sean sus manos.
-- Tienes unas piernas hermosas, Mackenzie -- me dice al oído mientras masajea mi entrepierna. Imagino como se sentirían sus dedos dentro de mí. Sus manos siguen hurgando mi intimidad y mis mejillas se encienden. Levanto mi cabeza para encontrarme con su rostro y puedo ver que también se ha coloreado de rojo intenso.
--Gracias -- digo con la respiración cortada.Él sonríe.
-- Y esos ojos -- acaricia mi labio con su dedo índice -- eres hermosa. Más de lo que recordaba.
-- He cambiado mucho -- me sonrojo -- al parecer tu también. Te recuerdo muy bien hace unos años.
-- Eran buenos tiempos. Solíamos ser amigos -- Lo tengo. Tengo su atención -- Y jugar a todas esas tonterías de antes.
-- Lo recuerdo -- le sonrío ampliamente -- era mucho más fácil en aquel entonces. No había podido decirte nada hasta ahora.
-- Tampoco yo -- ahora mira hacia otro punto en mi habitación. Está avergonzado.
-- Gracias por el masaje -- digo para no perder su atención. Vuelve a mí.
-- Lo disfrute más que tú, créeme. Tienes una piel suave y hermosa -- acaricia mi espalda nuevamente -- aunque tu ropa fue un problema.
-- Puedes quitármela si está estorbándote -- digo mientras me doy la vuelta para encararlo de frente. No pierdo nada con intentar y a juzgar por su cuerpo, también me desea. Le lanzo una sonrisa letal y una mirada sexy. Sí, todavía recuerdo como se hace.
-- Lo que pida la señorita -- suelta mientras desabotona mi short y baja el cierre. Los desliza fuera de nuestra vista y se maravilla con mis bragas. El encaje siempre funciona -- que bonito.
Lo miro divertida mientras se me acerca. Estoy decida a probar qué tan bien podemos jugar este tipo de juegos, qué tan bien podemos acoplarnos en la cama. Su rostro está muy cerca del mío. También quiere hacerlo, su cauteloso acercamiento es una invitación, está esperando por mi respuesta. Los juegos de dos requieren que los dos estén atentos. Oliver quiere jugar. Juguemos.
Me besa suave en los labios y yo respondo a él sin titubear, deseo esto tanto como él. Endurece el beso y yo me acoplo a la pasión que está imprimiendo en nuestros labios. Sus manos divertidas recorren mi piel y memorizan mis reacciones. Mis manos están ocupadas en los botones de su camisa, los burlo todos y se deshace de ella, así como de la playera que utiliza debajo. La piel de su torso es suave y el vello en sus pecho es negro. La textura siempre es interesante. Cansado de mi blusa, me la saca rápidamente y mis senos quedan expuestos. Mis rosados pezones están erectos y duros. Él juguetea con ellos pellizcándoles salvajemente y yo me arqueó ante el placer que esto representa para mí.
Mis labios han pasado a segundo plano, ahora sus labios recorren mi cuerpo. Lo besan, succionan, su lengua lame. Es maravillosamente erótico. Mil veces mejor de lo que imaginé. No puedo tocarlo, ni besarle, así que cierro los ojos y me concentro en sentirlo a él, a sus manos que acarician mi cuerpo y a su sensual boca. Me arqueó, mi respiración se corta y de vez en cuando dejo escapar gemidos de placer, pero todo en mí se estremece cuando se deshace de mis bragas y sus osados labios se posan en mi vulva. Puedo sentir las fibras de su lengua sobre mi pequeño botón de autodestrucción. Él besa, besa mi entrepierna. Es encantadoramente delicioso lo que sus labios y su lengua pueden hacer por mí. Siento crecer una galaxia dentro de mi vientre, de mi cuerpo. Es un universo en expansión que aumenta aceleradamente dentro de mí. Siento el calor del sol en todo el cuerpo, un cosquilleo y finalmente una explosión que me hace colapsar ahí sobre mis sabanas húmedas.
Respiro agitadamente y el también lo hace. Está sonriendo. Puedo sentir la sonrisa en mi rostro tan amplia como la suya. Haberme montado en su espalda y permitirle entrar a casa a mi viejo amigo de juegos es sin duda una de las mejores ideas que he tenido en la vida. Físicamente estoy agotada, pero me he quedado con sus sabor de labios y quiero probar un poco más. Me encantaría. Oliver se recuesta junto a mí.
-- Puedo sentir tu humedad, Mack -- me dice mientras dos de sus dedos se hunden en mi vientre. Hace círculos en mi pared y yo dejo escapar un suspiro entrecortado, eso es jodidamente placentero. Lo hace despacio, juega conmigo. Me enloquece -- se siente muy bien.
-- Se siente maravillosamente -- digo entre jadeos y él suelta una risa divertida. Encuentra mis labios con los suyos y su lengua demanda. Mi boca le pertenece. Se divierte jugando rudo, besándome con fuerza, respirándome en un beso infinito y ardiente. Mi cuerpo es un sistema y él sabe perfectamente como funciona, dónde está cada botón y qué es exactamente lo que me hace. Divertido y travieso mordisquea mi lóbulo y exhala entrecortadamente en mi oído. No creo que tenga idea, pero eso me excita aún más. Hace un camino de besos intentos desde mi oído hasta mi cuello y me hace gemir incontroladamente. Me está gustando, estoy muy excitada y quiero que lo sepa.

-- Voy a usar solo mis dedos para hacer que te vengas, Mackenzie -- me dice al oído -- gírate boca abajo, por favor.
No quiero desobedecer. Hago lo que me pide. Él acaricia mi trasero y lo besa. También mordisquea. Vuelve a acariciar mi espalda
Suavemente levanta mi trasero, dejándome expuesta e introduce dos de sus dedos en mi, haciendo círculos. Entra, sale, entra y sale de mí una y otra vez empezando con un ritmo lento que poco a poco se hace más veloz y duro. Sus dedos están haciéndome estremecer. Araño la almohada y ahogo mis gimoteos en ella. Oliver, feliz de complacerme, utiliza su otra mano para acariciar mis pechos y eso me relaja. Es dulce y divertido, quizá un poco salvaje, pero es maravilloso. Me arqueo porque estoy a punto de hacerme trizas y él me ayuda acariciando mi clítoris. Prolongo el acto resistiendo al placer lo más que puedo.
-- ¡Oliver! -- pero el momento está pudiendo conmigo. Estoy muy cerca del clímax. Gimoteo su nombre una y otra vez -- ¡Oliver!
-- Déjate ir, Mack -- jadea. Está tan excitado cómo yo -- córrete para mí, guapa.
Finalmente me libero de la tensión y me desmorono sobre la cama y respiro profundamente. Oliver está de pie junto a un lado. Veo su pantalón caer y a él liberar su erección. Me asombra verlo completamente desnudo. Me agrada la imagen completa. Le observo con atención. Ha puesto sus manos sobre su miembro y lo frota. No me puedo creer que se esté masturbando. Es que a caso no le ha gustado, ¿tan mala soy?
-- Oliver -- musito -- ¿Qué... qué hace?
--¡Mack! -- se gira para mirarme -- pensé que dormías -- se sonroja -- no tengo un maldito preservativo a la mano y quiero liberarlo de la tensión -- mira sus miembro, que está bastante erecto. Tampoco tengo un condón así que entiendo lo que hace.
-- Déjame a mí -- me pongo de pie frente a él. No recuerdo cuando fue la ultima vez que masturbe a alguien, pero el concepto sigue siendo el mismo.
Tomo su miembro entre mis manos y lo froto de arriba abajo, con algo de cuidado. De cuando en cuanto el pone saliva para lubricar y se deja hacer. Siento como se tensa sus pelvis, como su cuerpo y su miembro de contraen, está gozando esto. Me encantaría ser de más ayuda, pero nunca he sido feliz con la idea de que me follen los labios. Me mantengo firme y manipulo su miembro y sus genitales con destreza. Soy buena en esto, él echa su cabeza hacia atrás y cierra los ojos. Su respiración se corta, puedo sentir su tensión.
-- ¡Mack, por favor! -- lo está haciendo, está por venirse.
Tan pronto como lo siento destensarse pongo mis manos en la punta de sus miembro (no quiero semen por todas partes) y en cuestión de segundos mis manos están cubiertas de él. Voy al baño a lavarme y vuelvo para encontrarlo tumbado en la cama todo sudado y jadeante.
Me recuesto a su lado y sonrío como una completa idiota. Todo lo anterior parece producto de un sueño, uno bastante pervertido.
-- Mack... Mackenzie, ¿me estás escuchando? -- Oliver sigue ahí frente a mí. Esperando a que responda si quiero que me lleve a caballito y con nerviosismo accedo.
Permanezco callada el resto del viaje y me ruboriza el recuerdo de mi vaga imaginación. Nunca nada sucedió. Ni eso, ni ninguna de mis locas fantasías con este chico. Algunas cursis otras eróticas, pero todas irreales. Debería dejar de fantasear con él. Es obvio que no le intereso. Cuando llegamos a casa me baja y me ayuda a incorporarme. Yo abro la puerta y entro a la casa.
-- ¿Seguro que no quieres un vaso de agua o algo así? -- le pregunto. Después de todo me llevo a cuestas un buen tramo.
-- No, estoy bien, pero gracias -- desvía la mirada. No logro hacer contacto visual con él. No está interesado.
-- Gracias a ti por traerme -- sonrío. No puedo evitar sonreírle es instantáneo. Nos quedamos en la puerta en silencio por un buen rato. Es incómodo. Decido darle fin -- debo ir adentro. Gracias de nuevo, Oliver. Ten una bonita noche. -- No tengo respuesta y cierro la puerta sin más. Soy una tonta.
Escucho sonar el timbre. Me aproximo a observar por la mirilla y me doy cuenta de que es él. Abro inmediatamente y no tengo tiempo de decir palabra.
-- Mack, sé que parecerá estúpido de mi parte, pero sucede que me gustas mucho y quería saber si tú -- se ha detenido. Balbucea. Mi corazón se ha detenido y hay una manada en mi estómago precipitándose salvajemente -- si es que tú, bueno...
-- También me gustas, Oliver -- digo casi sin aliento. Aún con todo y el arrebol en mis mejillas sonrío para él y logro hacer contacto con sus negros y cálidos ojos. Son un café expresso que me provocará insomnio. Me encanta. El suspira y me sonríe.
-- Genial -- dice con euforia -- ¿Aceptarías una cita conmigo?, tomemos un café o vayamos a cenar juntos. Quiero conocerte.
-- Me conoces, Oliver -- río divertida y el se ruboriza -- hace falta un café para ponernos al día. ¿Qué tal el miércoles? Tenemos la tarde libre por haber ayudado en la quermés.
-- El miércoles después de la escuela -- confirma -- nos vemos entonces, Mack. Gracias.
-- Hasta luego -- digo antes de cerrar la puerta y me deslizo a través de ella hasta llegar al suelo. Dejo escapar un suspiro y me alegro al saber que está vez no se trata de ninguna de mis fantasías. De verdad tendré una cita con él.
Tal vez debería pasar a la farmacia por un paquetito de condones.
Una nunca sabe.
Por otro lado, se ha nublado el día y eso parece apaciguar a los jóvenes, que de nuevo se sientan alrededor de la mesa para jugar lotería, el chico a cargo parece feliz de jugar. Algo menos de que preocuparme. No obstante, algo nuevo llama mi atención, ¿dónde está Oliver? Lo dejé a cargo de la máquina de algodones de azúcar y no está ahí. Espero que no haya ido lejos (o que no se haya fugado, es de esa clase de despreocupados). Me tranquilizo cuando lo veo ocupar su lugar, cargando el tanque de gas y los globos de colores, seguido por una marchanta de niños demandantes.
Después de horas de ajetreo finalmente termina el día. Estoy dolorida de todo el cuerpo, en especial pies, brazos y espalda. Ya me encargaré de castigar a los que se escaparon hoy. Recogemos toda la basura y guardamos los materiales, es un poco más tarde de lo que pensamos que sería. Los padres de mis amigas han venido por ellas y todos viven cerca. No creo poder conseguir un taxi por aquí, así que tendré que caminar a casa (con todo y dolor de pies). Me cuelgo mi bolso al hombro y avanzo decidida hacia la calle principal. Alguien me alcanza y camina a mi par sin decir palabra.
¡Es Oliver!
Éramos amigos en la pubertad y volvimos a reencontrarnos aquí, pero no hemos vuelto a cruzar palabra. Ni siquiera para decir "¡Hola!", se ha vuelto misterioso y un poco vago. Tiene un estilo desaliñado que contrasta con la pulcritud con la que vestía su uniforme en aquellos años. Recuerdo que solíamos pasarnos tardes enteras en su habitación jugando a la Xbox o cualquier juego de mesa como ajedrez, domino o lo que sea que estuviera a l alcance de nuestras manos. La primera vez que lo vi aquí me sorprendió verlo tan alto y tan atractivo. Bueno, a mis amigas no les parece, pero para mí resulta atractivo, aun con sus ojos demasiado rasgados y su finamente perfilada barbilla. Además su siempre alborotado cabello azabache cubriendo su frente me parece encantador.
Él camina a mi lado sin decir nada, hay tantas cosas que podríamos decir, tanta información para ponerse al día, todo lo que hicimos estos años en que no nos vimos, pero ninguno de los dos quiere romper el hielo. Yo quiero hacerlo, pero no sé si el quiera que le dirija la palabra. Ya somos muy diferentes. Jugueteó con mi cabello todo el camino, esperando que no note cuan nerviosa estoy por ir caminando a su lado, los pies están matándome. No tengo cuidado del suelo que estoy pisando y de un tropezón voy a dar de bruces contra el asfalto. Estoy demasiado cansada como para intentar levantarme, pero me incorporo fácilmente cuando siento unas manos firmes sujetando mi cintura. El calor de esas manos se expande por todo mi cuerpo con la velocidad con la que una bombilla ilumina una habitación, es instantáneo. Se siente bien.
-- ¡Joder! ¿Estás bien? -- las primeras palabras que me dirige y son a causa de que me he caído. ¡Bien hecho, Mackenzie!
-- Sí, está todo bien. Sólo perdí el camino -- trato de reír, pero el no está sonriendo. Me siento torpe, hacía mucho tiempo que no me sentía así con nadie. ¿Cuántos años tengo? ¿14?
--¿Quieres que te lleve? -- me ofrece su espalda para cargarme hasta mi casa y yo vacilo. No sé si estoy lista para el contacto físico con él. Contacto físico. Una corriente eléctrica me recorre de pies a cabeza cuando recuerdo sus firmes manos sobre mi cintura, apuesto a que se sentirían mejor en otras partes de mi piel desnuda...¿Qué demonios estoy pensando?... Oliver sigue ahí de espaldas a mí, listo para sujetar mis piernas y llevarme "a caballito" hasta mi casa. Yo vacilo, ¿por qué vacilo?
--¡Vale! -- le sonrío y me montó sobre su espalda, apretando las piernas contra su abdomen y abrazando su cuello. El sudor ha evaporado su perfume, pero aún así un suave aroma a madera es despedido de su cuello. Su cabello azabache está todo desordenado. Me apena un poco ir sobre él porque puedo escuchar como respira con dificultad, nunca he sido una mujer menuda y menos ahora que he crecido. Al parecer sus brazos son fuertes pese a no ser robustos, me ha soportado hasta aquí.
Sus manos son firmes, se sienten bien bajo mis muslos. Toda su piel se siente bien en contacto con la mía. Nuestras temperaturas se hacen una sola y un calor rico perdura entre nuestros cuerpos. De nuevo me imagino bajo su cuerpo, sin indumentaria. Me imagino lista para él, receptiva a los minúsculos roces de su cuerpo. Mi entrepierna cosquillea con la idea.
Ahora que lo pienso, hace mucho que no tengo intimidad con alguien. He estado ocupada en cualquier tontería y no he pensado para nada en mí. Me pregunto si Oliver estaría dispuesto a jugar conmigo como en los viejos tiempos. Quizá no ajedrez, pero hay otros tipos de juegos de mesa que podríamos disfrutar. Yo en la mesa mientras su lengua me recorre libremente, por ejemplo. Cierro los ojos y la sensación me inunda completamente, tengo que obligarme a recordar que no es el lugar, ni el momento para estar excitada. Enfrío mi cuerpo aunque mi mente sigue tan encendida como nunca.
-- ¿Es aquí?-- pregunta segundos antes de bajarme de su espalda. Yo apoyo despacio mis pies en el primer escalón que conduce a mi puerta. Las plantas de mis pies están calientes y caminar me escuece, pero me las arreglo para subir los escalones y buscar las llaves en mi bolsa.
-- Sí, es aquí. Muchas gracias, Oliver -- le sonrío y me doy la vuelta para abrir la puerta. Las piernas me flaquean por el ardor en mis pies. Las llaves me están jugando una mala pasada.
-- ¿Todo bien, Mack? -- sostiene mi mano y me ayuda a abrir la puerta. Me mira. Sus ojos brillan y todo mi cuerpo se estremeció cuando pronuncio mi nombre de manera informal y casual. Fue celestial. Lo miro embelesada en su atractivo y no puedo dejar imaginar cuan deliciosos deben ser sus labios.
--Sí, estoy estresada, es todo -- sacudo mis ideas. Él debe tener un montón de cosas que hacer, quizá hasta tenga una novia. No va a quedarse aquí conmigo y aunque lo hiciera, no tendríamos sexo. Aterriza de una vez, Mackenzie.
-- Tu madre conocerá algún remedio -- me sonríe. Aún está cerca de mí y puedo percibir su perfume -- estás a salvo.
--De hecho estoy sola -- digo con desinterés -- mis padres se fueron a visitar a mis abuelos. Vuelven en un par de días -- él sonríe.
-- Conozco un remedio infalible para el estrés -- echa mi alborotada mata de cabellos rojos fuera de mi cara y me mira fijamente -- ¿Puedo pasar?
-- Claro -- pierdo el aliento al pensar que estaremos solos en mi casa. Me hago a un lado y el entra a mi casa.
Me sigue hasta mi habitación y se sienta en el borde de la cama mientras yo voy al baño y me doy una ducha caliente como me lo indica él. Me tomo veinticinco maravillosos minutos y siento como la presión de los chorros calientes aminora mi malestar. Me pregunto qué tendrá en mente.
Salgo del baño con una pijama de shorts a mitad del muslo y una blusa suelta de color esmeralda que combina perfecta con mis ojos. El sigue sentado sobre la cama, su inquieto pie golpetea el suelo y sus ansiosas manos están aferradas a cada una de sus rodillas. En cuanto me ve, sonríe. Su dentadura es muy blanca y la expone ampliamente. Se pone de pie y me pide que me recueste sobre la cama. Obedezco de inmediato. Me pregunta por mi espalda y le contesto que también me duele. Él me pide que me gire boca abajo en la cama y en cuanto lo he hecho siento sus manos sobre mi espalda, acariciando los puntos de tensión. Me desmorono ante la presión de sus firmes dedos sobre los puntos exactos y lo dejo hacer. Sus manos suben y bajan, sus dedos masajean toda mi espalda y se encargan de desaparecer el estrés. Lo hacen a un lado como uno sopla las migajas de la goma de borrar del cuaderno. Mi espalda goza de los mimos y se siente como nueva. Luego empieza a trabajar con mis pies y piernas.
La sensación de las yemas de sus dedos sobre mis muslos es embriagadora, todo el dolor ha quedado atrás. Ahora mis piernas están relajadas y livianas, se ha ido la sensación de pesadez, al contrario, están muy receptivas. No quiero que se detenga así que respiro hondo y me dejo consentir sin informarle que ya no hay dolor. No pienso en otra cosa que no sean sus manos.
-- Tienes unas piernas hermosas, Mackenzie -- me dice al oído mientras masajea mi entrepierna. Imagino como se sentirían sus dedos dentro de mí. Sus manos siguen hurgando mi intimidad y mis mejillas se encienden. Levanto mi cabeza para encontrarme con su rostro y puedo ver que también se ha coloreado de rojo intenso.
--Gracias -- digo con la respiración cortada.Él sonríe.
-- Y esos ojos -- acaricia mi labio con su dedo índice -- eres hermosa. Más de lo que recordaba.
-- He cambiado mucho -- me sonrojo -- al parecer tu también. Te recuerdo muy bien hace unos años.
-- Eran buenos tiempos. Solíamos ser amigos -- Lo tengo. Tengo su atención -- Y jugar a todas esas tonterías de antes.
-- Lo recuerdo -- le sonrío ampliamente -- era mucho más fácil en aquel entonces. No había podido decirte nada hasta ahora.
-- Tampoco yo -- ahora mira hacia otro punto en mi habitación. Está avergonzado.
-- Gracias por el masaje -- digo para no perder su atención. Vuelve a mí.
-- Lo disfrute más que tú, créeme. Tienes una piel suave y hermosa -- acaricia mi espalda nuevamente -- aunque tu ropa fue un problema.
-- Puedes quitármela si está estorbándote -- digo mientras me doy la vuelta para encararlo de frente. No pierdo nada con intentar y a juzgar por su cuerpo, también me desea. Le lanzo una sonrisa letal y una mirada sexy. Sí, todavía recuerdo como se hace.
-- Lo que pida la señorita -- suelta mientras desabotona mi short y baja el cierre. Los desliza fuera de nuestra vista y se maravilla con mis bragas. El encaje siempre funciona -- que bonito.
Lo miro divertida mientras se me acerca. Estoy decida a probar qué tan bien podemos jugar este tipo de juegos, qué tan bien podemos acoplarnos en la cama. Su rostro está muy cerca del mío. También quiere hacerlo, su cauteloso acercamiento es una invitación, está esperando por mi respuesta. Los juegos de dos requieren que los dos estén atentos. Oliver quiere jugar. Juguemos.
Me besa suave en los labios y yo respondo a él sin titubear, deseo esto tanto como él. Endurece el beso y yo me acoplo a la pasión que está imprimiendo en nuestros labios. Sus manos divertidas recorren mi piel y memorizan mis reacciones. Mis manos están ocupadas en los botones de su camisa, los burlo todos y se deshace de ella, así como de la playera que utiliza debajo. La piel de su torso es suave y el vello en sus pecho es negro. La textura siempre es interesante. Cansado de mi blusa, me la saca rápidamente y mis senos quedan expuestos. Mis rosados pezones están erectos y duros. Él juguetea con ellos pellizcándoles salvajemente y yo me arqueó ante el placer que esto representa para mí.
Mis labios han pasado a segundo plano, ahora sus labios recorren mi cuerpo. Lo besan, succionan, su lengua lame. Es maravillosamente erótico. Mil veces mejor de lo que imaginé. No puedo tocarlo, ni besarle, así que cierro los ojos y me concentro en sentirlo a él, a sus manos que acarician mi cuerpo y a su sensual boca. Me arqueó, mi respiración se corta y de vez en cuando dejo escapar gemidos de placer, pero todo en mí se estremece cuando se deshace de mis bragas y sus osados labios se posan en mi vulva. Puedo sentir las fibras de su lengua sobre mi pequeño botón de autodestrucción. Él besa, besa mi entrepierna. Es encantadoramente delicioso lo que sus labios y su lengua pueden hacer por mí. Siento crecer una galaxia dentro de mi vientre, de mi cuerpo. Es un universo en expansión que aumenta aceleradamente dentro de mí. Siento el calor del sol en todo el cuerpo, un cosquilleo y finalmente una explosión que me hace colapsar ahí sobre mis sabanas húmedas.
Respiro agitadamente y el también lo hace. Está sonriendo. Puedo sentir la sonrisa en mi rostro tan amplia como la suya. Haberme montado en su espalda y permitirle entrar a casa a mi viejo amigo de juegos es sin duda una de las mejores ideas que he tenido en la vida. Físicamente estoy agotada, pero me he quedado con sus sabor de labios y quiero probar un poco más. Me encantaría. Oliver se recuesta junto a mí.
-- Puedo sentir tu humedad, Mack -- me dice mientras dos de sus dedos se hunden en mi vientre. Hace círculos en mi pared y yo dejo escapar un suspiro entrecortado, eso es jodidamente placentero. Lo hace despacio, juega conmigo. Me enloquece -- se siente muy bien.
-- Se siente maravillosamente -- digo entre jadeos y él suelta una risa divertida. Encuentra mis labios con los suyos y su lengua demanda. Mi boca le pertenece. Se divierte jugando rudo, besándome con fuerza, respirándome en un beso infinito y ardiente. Mi cuerpo es un sistema y él sabe perfectamente como funciona, dónde está cada botón y qué es exactamente lo que me hace. Divertido y travieso mordisquea mi lóbulo y exhala entrecortadamente en mi oído. No creo que tenga idea, pero eso me excita aún más. Hace un camino de besos intentos desde mi oído hasta mi cuello y me hace gemir incontroladamente. Me está gustando, estoy muy excitada y quiero que lo sepa.
-- Voy a usar solo mis dedos para hacer que te vengas, Mackenzie -- me dice al oído -- gírate boca abajo, por favor.
No quiero desobedecer. Hago lo que me pide. Él acaricia mi trasero y lo besa. También mordisquea. Vuelve a acariciar mi espalda
Suavemente levanta mi trasero, dejándome expuesta e introduce dos de sus dedos en mi, haciendo círculos. Entra, sale, entra y sale de mí una y otra vez empezando con un ritmo lento que poco a poco se hace más veloz y duro. Sus dedos están haciéndome estremecer. Araño la almohada y ahogo mis gimoteos en ella. Oliver, feliz de complacerme, utiliza su otra mano para acariciar mis pechos y eso me relaja. Es dulce y divertido, quizá un poco salvaje, pero es maravilloso. Me arqueo porque estoy a punto de hacerme trizas y él me ayuda acariciando mi clítoris. Prolongo el acto resistiendo al placer lo más que puedo.
-- ¡Oliver! -- pero el momento está pudiendo conmigo. Estoy muy cerca del clímax. Gimoteo su nombre una y otra vez -- ¡Oliver!
-- Déjate ir, Mack -- jadea. Está tan excitado cómo yo -- córrete para mí, guapa.
Finalmente me libero de la tensión y me desmorono sobre la cama y respiro profundamente. Oliver está de pie junto a un lado. Veo su pantalón caer y a él liberar su erección. Me asombra verlo completamente desnudo. Me agrada la imagen completa. Le observo con atención. Ha puesto sus manos sobre su miembro y lo frota. No me puedo creer que se esté masturbando. Es que a caso no le ha gustado, ¿tan mala soy?
-- Oliver -- musito -- ¿Qué... qué hace?
--¡Mack! -- se gira para mirarme -- pensé que dormías -- se sonroja -- no tengo un maldito preservativo a la mano y quiero liberarlo de la tensión -- mira sus miembro, que está bastante erecto. Tampoco tengo un condón así que entiendo lo que hace.
-- Déjame a mí -- me pongo de pie frente a él. No recuerdo cuando fue la ultima vez que masturbe a alguien, pero el concepto sigue siendo el mismo.
Tomo su miembro entre mis manos y lo froto de arriba abajo, con algo de cuidado. De cuando en cuanto el pone saliva para lubricar y se deja hacer. Siento como se tensa sus pelvis, como su cuerpo y su miembro de contraen, está gozando esto. Me encantaría ser de más ayuda, pero nunca he sido feliz con la idea de que me follen los labios. Me mantengo firme y manipulo su miembro y sus genitales con destreza. Soy buena en esto, él echa su cabeza hacia atrás y cierra los ojos. Su respiración se corta, puedo sentir su tensión.
-- ¡Mack, por favor! -- lo está haciendo, está por venirse.
Tan pronto como lo siento destensarse pongo mis manos en la punta de sus miembro (no quiero semen por todas partes) y en cuestión de segundos mis manos están cubiertas de él. Voy al baño a lavarme y vuelvo para encontrarlo tumbado en la cama todo sudado y jadeante.
Me recuesto a su lado y sonrío como una completa idiota. Todo lo anterior parece producto de un sueño, uno bastante pervertido.
-- Mack... Mackenzie, ¿me estás escuchando? -- Oliver sigue ahí frente a mí. Esperando a que responda si quiero que me lleve a caballito y con nerviosismo accedo.
Permanezco callada el resto del viaje y me ruboriza el recuerdo de mi vaga imaginación. Nunca nada sucedió. Ni eso, ni ninguna de mis locas fantasías con este chico. Algunas cursis otras eróticas, pero todas irreales. Debería dejar de fantasear con él. Es obvio que no le intereso. Cuando llegamos a casa me baja y me ayuda a incorporarme. Yo abro la puerta y entro a la casa.
-- ¿Seguro que no quieres un vaso de agua o algo así? -- le pregunto. Después de todo me llevo a cuestas un buen tramo.
-- No, estoy bien, pero gracias -- desvía la mirada. No logro hacer contacto visual con él. No está interesado.
-- Gracias a ti por traerme -- sonrío. No puedo evitar sonreírle es instantáneo. Nos quedamos en la puerta en silencio por un buen rato. Es incómodo. Decido darle fin -- debo ir adentro. Gracias de nuevo, Oliver. Ten una bonita noche. -- No tengo respuesta y cierro la puerta sin más. Soy una tonta.
Escucho sonar el timbre. Me aproximo a observar por la mirilla y me doy cuenta de que es él. Abro inmediatamente y no tengo tiempo de decir palabra.
-- Mack, sé que parecerá estúpido de mi parte, pero sucede que me gustas mucho y quería saber si tú -- se ha detenido. Balbucea. Mi corazón se ha detenido y hay una manada en mi estómago precipitándose salvajemente -- si es que tú, bueno...
-- También me gustas, Oliver -- digo casi sin aliento. Aún con todo y el arrebol en mis mejillas sonrío para él y logro hacer contacto con sus negros y cálidos ojos. Son un café expresso que me provocará insomnio. Me encanta. El suspira y me sonríe.
-- Genial -- dice con euforia -- ¿Aceptarías una cita conmigo?, tomemos un café o vayamos a cenar juntos. Quiero conocerte.
-- Me conoces, Oliver -- río divertida y el se ruboriza -- hace falta un café para ponernos al día. ¿Qué tal el miércoles? Tenemos la tarde libre por haber ayudado en la quermés.
-- El miércoles después de la escuela -- confirma -- nos vemos entonces, Mack. Gracias.
-- Hasta luego -- digo antes de cerrar la puerta y me deslizo a través de ella hasta llegar al suelo. Dejo escapar un suspiro y me alegro al saber que está vez no se trata de ninguna de mis fantasías. De verdad tendré una cita con él.
Tal vez debería pasar a la farmacia por un paquetito de condones.
Una nunca sabe.


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