Descripción

Bienvenidos a mi subconsciente. Por favor, no toquen nada y recomiendo husmear con cuidado, mis demonios andan sueltos.

martes, 7 de abril de 2015

"Una chica extraña"


Fotografía de: Lucía R."Etruska"

Esto de las cartas a altas horas de la madrugada llegó a salirse de control hace un par de meses. Había decidido guardarlas todas en la libreta de notas personal que guardo siempre hasta que una de las mejores personas que he conocido y a la que considero una gran amiga dio con este texto que voy a publicar y me sugirió publicarla. 
Diane Setterfield no pudo haberlo dicho mejor: las historias necesitan palabras. 
Así que aquí estoy, redactando algo cuyo origen no tengo claro y cuya rareza salta a la vista del lector con facilidad. 
**************

22 de enero de 2015; 02:58 a.m.

Verá usted, esta manía de estarnos escribiendo cartas no ha sido cosa mía. No, señora, eso es cosa suya. Es usted la que me escribe las cartas. Es usted la que me levanta de la cama, la que me saca de mi capullo (de mi crisálida, como la llama usted) y me impide metamorfosearme, si es que el termino es correcto. 
Ah, pero ahora soy yo la que le escribe a usted y el propósito es muy simple y a la vez no lo es. 

He conocido a una chica. 

Una que me ha dejado si aliento, pero no he logrado decidir si fue en el buen sentido o viceversa. 
Era una chica, a mi parecer, muy extraña. La imagen que se me ha quedado grabada está tan distorsionada como el recuerdo que tengo de cómo la conocí. 

Verá usted, yo caminaba sin rumbo, como de costumbre, hasta que algo llamó mi atención. Había una muchachita desnuda bajo la sombra de un árbol. A lo lejos, me costaba saber si reía o gemía, si lloraba o cantaba, pero era atrayente, mucho. Me acerqué a ella y la encontré, para mi sorpresa, a la mitad de un orgasmo placentero, gozando del clímax que el clímax de un buen libro le había provocado. No hablaba, lo único que hacía era jadear, reír, sorprenderse de vez en cuando y gemir hasta que por fin, tras leer la última frase del libro que tenía en sus manos, se vino. Terminó. Fue entonces que reparó en mí, cuando sus ardientes ojos me miraron, lo hicieron con malicia y aunque se apaciguaron pronto, no dejaron de reír con picardía. Eran como fuego abrasador.

Fotografía de: Lucía R."Etruska"
Se sentó sobre el césped hecha un ovillo, cubriendo parcialmente su desnudes, abrazando sus rodillas y recargo su tersa espalada sobre el robusto tronco del árbol que tenía detrás. Con un ademán me invitó a sentarme con ella. Tal era mi desconcierto que no me atreví a desobedecer y me senté allí, tomando en manos el libro que  antes estaba entre sus dedos, "El cuento número trece" de Diane Setterfield, algo demasiado psicológico como para producir el éxtasis que la vi experimentar. Lo miré de nuevo, no podía imaginar que había de especial en este libro tan común. Y mientras yo estaba ahí, cavilando quién sabe qué, ella me miraba. 

Después de un rato decidió interrumpirme para preguntarme si me había leído aquel libro y yo asentí. Acto seguido me pregunto sobre lo que más me había gustado. Serenamente respondí que la amistad entre Margaret Lea y Aurelius Love había logrado conmoverme. Ella sólo resopló, no sé si fue porque evidentemente no compartimos puntos de vista o porque descubrió mi mentira, lamento si el resoplido fue por la segunda razón, pero me apena admitir que lo que más amo de la historia es a las gemelas y a mi reprimido deseo de tener una gemela con quien compartirme. Si descubrió que estaba mintiéndole, no dijo nada al respecto y yo le agradecí por ello. 

Fotografía de: Lucía R."Etruska"
Luego señaló otra pila de libros. La fui desarmando al tiempo que leía encabezados: "Alicia en el país de las maravillas", "A través del espejo y lo que Alicia encontró en él", "Metamorfosis", "Estudio en escarlata", "Los juegos de hambre (la trilogía completa)", "Harry Potter (la saga completa)", "El misterioso caso del perro a media noche", "La cúpula", "Historia de un clon" y "El periquillo Sarniento". Había también algunas ediciones de un manga, desconocido para mi, llamado "Monster". 
-¿Sabes por qué me gustan todas estas historias? - pregunta al tiempo que me mira curiosa - ¿sabes que es lo que me hace leerlas una y otra vez? - yo no sabía que responderle. Finalmente ella paró de acecharme y me explicó sus razones. De ahora en adelante citare entre comillas lo que ella haya dicho: 

"Me gustan porque sus personajes están locos, torcidos, transtornados (dejo escapar una carcajada), sus mentes son esclavas de sus propios deminios y estos hacen lo que su voluntad sienta deseos de dictar. Veamos (toma un libro: Alicia), yo creo que ella está loca, que tiene problemas de adicción y que su <<País de las maravillas>> son alucinaciones consecuentes de todo eso que come y bebe. Ella tiene problemas con su identidad, eso el obvio, esos amigos que se inventa, de algún modo, le ayudan a encontrarse. (Sujeta otro libro: Metamorfosis) No tengo ni la más remota idea de que pasó con él, ni porqué diablos se convirtió en un escarabajo de dimensiones humanas, pero es justo eso lo que me atrapó de la historia, que tiene misterio, uno sin sentido. Aquí hay otros (toma un libro de la trilogía y otro de la saga), olvídate de los personajes principales y piensa en lo corroídos que están los villanos aquí. Están rotos hasta la médula y aún así, son malvados con cada uno de los pedazos. Lestrange está tan dañada que tiene los ideales al revés y aún así yo la amo, al igual que a Riddle, al igual que a Snow y a los profesionales. Estos mundos son irreales, ficticios y a la vez tan reales que te sorprendes. Piensa el la tiranía que habitaba en las mentes de los gobernantes que establecieron los juegos del hambre, debieron ser uno viejos sádicos y pervertidos que encontraron diversión en la desgracia ajena, me suena muy familiar, ¿no crees? Eso es lo que encanta. (Y sigue tomando libros al azar) Este chico, él tenía autismo, se le nota a kilómetros, no quiero arruinarte el final, pero hace un viaje que al final lo hace añicos, nada más corrosivo que descubrir la cruda verdad que te escondieron; estos gemelos tienen un pasado oscuro y cruel. Su pasado me encanta, es tan fuera de lo común, daría uno de mis órganos por estar en sus pieles un día, para saber lo que se siente que tu mente explote de aquella manera. 
Ahora este (llego al final de los libros que al mismo tiempo es el principio de mi relato: El cuento número trece) amo esa relación tan extraña que envuelve a la familia. Tanto a Charlie e Isabelle, como a las gemelas y al fantasma. ¿Crees en los monstruos? Te haría muy bien creer en ellos porque son tan reales como nosotros. Ah, pero aclaremos algo, no no estoy hablándote de os monstruos comerciales que te vende la televisión o algunos libros. No, los reales no viven en bosques, ni debajo de las camas, ni en la oscuridad. No, niña, estos criaturas de las que te hablo viven debajo de nuestras pieles, dentro de nosotros, los seres humanos. 
A mi me consta, yo conozco muy bien a mis inquilinos, a tal medida que he optado por llamarles demonios porque el nombre les viene mejor, son implacables. 
Pero no te distraigas conmigo, hay muchos más demonios dentro de estas historias, y los descarados se dejan ver sin ningún problema, en la parte que está torcida, en la demencia que el escritor ha plasmado en la mente de sus maravillosos personajes"

Luego de eso calló por un largo rato. Se vistió frente a mí con unos shorts que bien podrían ser pantaletas y una blusa larga, muy holgada que cubría los shorts en su totalidad. Levantó su puesto, empacó sus libros en una maleta que se colgó segundos antes de emprender camino. Como tomó el mismo sendero que yo pensaba tomar se me ocurrió que sería bueno seguirla, aún me cuestionó el por qué de semejante idea. 

Habíamos andado ya un largo trecho en silencio cuando ella comenzó a cantar. Primero bajito, luego a grandes bocanadas. Al poco rato empezó a bailotear por el sendero, nada bien debo decir, pero se movía sin penas. 
Abruptamente se tranquilizó y alentó la marcha. Comenzó a hablar, pero no conmigo. Recitaba poemas, uno, muchas veces. Actuaba diálogos de películas viejas, citaba textos de libros y hablaba consigo misma. También hablaba con sus conocidos, con sus amigos. Ella les decía cosas que usualmente no les diría y se contestaba con otros tonos de voz y gestos que no eran los suyos, yo supongo que estaba jugando con los matices. Se inventaba posibles historias (todas fantásticas y surrealistas) que le podrían ocurrir al llegar a su destino, Besaba al viento y se reía de cosas que se decía a sí misma.

Todo aquel show ejecutado en frente de mí, pero pretendiéndose sola. He llegado a cuestionarme si de verdad estuve ahí.

Fotografía de Lucía R. "Etruska".

Después de un rato, alerté que desconocía el camino. Habíamos andado ya unas horas y no podía distinguir el avance. Ella estaba demasiado serena al respecto. 
-¿A dónde vamos? - pregunté con vacilación.
-No tengo la menor idea - dijo mientras se trepaba a una barda y trataba de caminar sobre ella, manteniendo el equilibrio. Cosa que no consiguió y se dio de bruces contra el suelo. El golpe debía haberle dolido, pero ella sólo se puso de pie y anduvo y anduvo.
-Ya deberíamos haber llegado - resoplé exasperada. 
-¿A dónde? - me miraba. Al fin me miraba de nuevo. 
-A dónde sea que lleve este camino - me adelante para ver si podía distinguir algo. Nada. 
-Pero si este camino  no lleva a ninguna parte - rió como si yo hubiera dicho la cosa más absurda del mundo. 
-Todos los caminos llevan a alguna parte - presumí sabiduría.
-Este no. Este camino me lo he inventado yo y no llega nunca a ninguna parte a menos que me lo proponga - se mostró satisfecha con su respuesta.
-Eso no tiene sentido - me quejé.
-Oh, pobrecita - me miro y chasqueó muchas veces la lengua en señal de desaprobación. Me miraba como se mira a alguien enferme cuando se sabe que morirá - si las cosas tuvieran siempre sentido sería patéticamente aburrido. Todos aquí saben eso.
-¿Aquí? - de pronto nos encontrábamos frente a una casa. Había pensado que el camino no llevaba a ninguna parte. La compañía de esta chica comienza a parecerme agobiante.
-Nos hemos desviado del camino y hemos llegado a mi casa - resopló - y yo que esperaba darle largas a este asunto. 

Sacó de su pantalón un importante juego de llaves y abrió la puerta. Se descalzó y fue  sentarse en un rincón con los audífonos puestos. Había sillas y mullidos sillones, pero ella fue a sentarse en el piso, acurrucada en un rincón de aquella habitación vacía. 
Me tome la osadía de rondar por las habitaciones, a ella no pareció importarle. Había retratos por todas partes, libros infinitos y hojas cubiertas de palabras que, supongo yo, eran de ella. Todas las historias que pude leer eran frías y punzocortantes; los poemas eran devastadores y los dibujos algo complejos, casi abstractos. Había diarios también pero tuve miedo de abrirlos. 
Todas las habitaciones estaban llenas de cuadros y retratos, pero no vislumbre ninguna cama por ninguna parte.
Me tope entonces con una habitación pequeña en la que me pareció haber visto a un hombre mayor haciendo algo indecente a una niña, pero cuando abrí la puerta de par en par estaba vacía. En loa habitación había sólo dos recuadros, uno frente al otro en paredes opuestas. Dos retratos: una niña y un hombre mayor, juro que eran idénticos a las figuras que había visto antes. Lo tétrico en esta habitación no era la ausencia de ventanas o muebles, no era el vacío, tampoco lo eran las gotitas de sangre en el suelo. 
No, lo extraño en esa habitación eran los arañazos en las paredes de madera. Alguien se afiló las uñas con ganas en esas paredes, le daban un aspecto abandonado y salvaje. 

Finalmente ella me encontró y tosió para hacerse notar. Me disculpé por la imprudencia y luego ella me regaño por ser demasiado cortés. Entonces se ofreció a darme un recorrido por toda la casa en el que no hablé en lo absoluto, me limité a observar y escuchar. No me sentiré a gusto a no ser que le relate ese recorrido con la mayor cantidad de detalles, así que le recomiendo que se ponga cómoda. Aquí esta aquel famoso tour: 

"Este lugar es lo más cercano que tengo a una casa, pero la comparto con tantos inquilinos que más bien yo soy la forastera. Esta habitación a la que usted acaba de entrar es una de las más viejas. La niña soy yo y él (señaló el segundo retrato) es el hombre que me violó cuando tenía seis años. Las gotitas de sangre son loa prueba de mi primer desgarre, pero será mejor que nos vayamos antes de que este demonio vuelva, es muy sensible y se irrita fácil, es un recuerdo demasiado primitivo y no le gustan las visitas, mucho menos que husmeen. Si lo que quería era observar más de cerca el recuadro, pierda cuidado, yo puedo describírselo poro a poro. Este hombre jamás se ha ido, me visita cuando estoy durmiendo y si se sale con la suya me embiste de nuevo. Le fascina repetirme siempre las mismas y obscenas palabras a mi oído (noté como su piel se erizó pese a que su semblante permanecía inexpresivo. Y cerró la puerta), me olvide de la llave de esta habitación, no va a ser una noche tranquila"

La siguiente habitación estaba cerrada, me disponía a abrirla cuando un cuerpo delgado y blanco por el pasmo se interpuso entre la puerta y mi cuerpo. Mi guía turística me había permitido ver, aunque sea por un segundo, una emoción en su semblante, pero no adivino si era miedo o sobreprotección. Podía escuchar movimiento en esa recamara, era apenas imperceptible, pero había quejas saliendo de la habitación, pequeños sollozos.
"Me temo que esta habitación esta siempre ocupada, ni siquiera yo recuerdo como es por dentro, la he cerrado con llave y me deshice de ella. Sé lo que hay dentro, sé qué es lo que me espera si algún día llego a mirar por la rendija de la cerradura. No voy a abrirte la puerta, pero puedo contarte qué hay detrás. 
Soy hija del secreto. Por alguna "razón de adultos" jamás conocí a  mi verdadero padre y mi madre se volvió loca después de parirme, tengo muy pocos recuerdos de ella. Lo que sí tenía era un feo padrastro, mi padrastro tenía una hermana mayor y su hermana mayor tenía un novio aún mayor que ella, que fue quien años más tarde, me violó sin piedad mientras yo jugaba a explorar mi jardín. Pero esa es otra historia, la que estoy por contarte ahora es sobre mi padrastro y su hermana mayor. Ellos nunca me quisieron, yo arruine su pequeño negocio de trata de blancas, mi madre había quedado mentalmente desorientada para seguir ejerciendo contra su voluntad y nunca me perdonaron por ello. No obstante, no podían deshacerse de mi por una simple razón, yo, al igual que mi madre, tenía una vagina, era una mujer y era cuestión de pocos años para que yo pudiera ejercer, así que me conservaron, pero jamás se preocuparon por quererme o por tratarme bien, cada vez que yo desarrollaba alguna idea liberal recibía azotes por parte de los dos (se quito la larga blusa y me dio la espalda. Pude ver las cicatrices en ella, delgadas y pálidas, tatuajes de aquellos latigazos descargados en su espalda. No las vi la primera vez que la vi sin ropa). Son tres pequeñas líneas blancas, me las hicieron cuando descubrieron que estaban teniendo copula en la misma habitación en la que yo estaba escondida. Desde ese día se volvió un rito para ellos: fornicar frente a mí y luego reprenderme sin razón alguna. No tengo intención de volver a abrir esa puerta nunca más."
Decir que la historia me erizo la piel es poco en comparación con la sensación de frío que recorrió mi nuca después de esa historia. Todo se suavizo después de eso. Llegamos a un pasillo con voces susurrantes. Algunas alegres y risueños, otras de llanto y melancólicas. 
"Este es el almacén y a veces cementerio de mis sueños. Siéntete libre de observar cuanto te plazca que de un modo u otro yo te lo explicaré."
Fotografías de jóvenes, una después de la otra llamaron mi atención.


Fotografía por: Lucía R. "Etruska"

"Ellos son hombres a los que he amado (suspira al mismo tiempo que comienza a señalar cuadros). Él fue el primer chico que me gustó, pero fue en tercer grado de primaria, nada serio; este otro fue el primer chico que se fijó en mí de una manera especial, pero ya te dije, las cosas de primaria nunca van en serio y yo jamás lo vi de esa forma; este de aquí es mi primer novio, recuerdo que le quise mucho, pero él me quería mucho más. No fui capaz de corresponderle y dejé que se fuera, ahora que lo cuento veo que lo siempre juzgue como un acto de desinterés quizá fuera el primer acto de amor que realice, en fin, es tarde para cambiar esa historia; este moreno de ojos miel me encantaba, pero al parecer le hablaba bonito a todas y cuando lo descubrí, lo mandé al diablo. Nunca llegamos a nada, aborrezco a las personas deshonestas; este chico de aquí con los ojos enormemente expresivos y hermosos fue mi primer amor, mi amor platónico. Me pase más de dos años persiguiéndole y nada pasó, nada salvo un beso que no consigo olvidar y que me gustaría repetir. Es mi mejor amigo ahora; Pon atención en este otro, el fue mi segundo novio, la segunda vez que amé. Las personas que digan que las segundas partes son aburridas, nunca han experimentado la pasión que yo le imprimí a ese romance. Me volví adicta a ese chico, a sus besos, a la textura de su piel, a la firmeza de sus brazos, al aroma de su cuerpo, a la paciencia con la que se sentaba a mi lado y me daba la mano, ¡Lástima que a mis demonios les inquietaba que me diera tanta felicidad! Ellos lo ahuyentaron, yo no hice nada para detenerlo, pero él me hacía sentir muy segura de mí misma por eso me derrumbe cuando se fue. Cuando me repuse me prometí no volver a poner mi seguridad en algo tan efímero como una relación y nada tan tambaleante como un ser humano. Así es como llegamos a mi tercera relación, la última de mis relaciones hasta ahora, nada en serio, para ser honestas. Los dos nos encontramos para aguantar lo que estábamos pasando y  catapultarnos a lo que seguía. No puedo decir que no le quise porque sería mentira, si le quería, pero siendo totalmente honesta con él y conmigo, me he visto más enamorada en otras ocasiones. Él puede decir lo mismo sobre mí. Lo que sí sé es que me vendría bien una de esas relaciones largas en las que puedas contarle todo a tu pareja. Me vendría de perlas un hombre que no le tuviera miedo a mis demonios.
Deberíamos seguir andando, todos estos inquilinos son inofensivos cuando están solos, pero cuando comienzan a amontonarse, duelen mucho"

Me llevó de habitación y me contó historias sobre ella, sobre su familia, sobre sus padres, sobre sus amigos. Había muy poca felicidad en los recuerdos y sin embargo ella me los contaba con una enorme sonrisa. No obstante, había también ocasiones en las que agotaba la elocuencia y pasaba por las habitaciones apenas explicando las cosas.
"Ese cuadro es mis ganas de hacer el amor con alguien que valga la pena recordar";
"Esa pintura soy yo con pene. No me malinterpretes, soy mujer y me gustan los varones, es sólo que siento que me parezco mucho a ellos y soy una completa extraña cuando estoy rodeada de otras mujeres"; 
"Ese marco vacío son los celos que perdí por alguna parte. Y aquella repisa sostenía antes mis ganas, pero también las perdí";
"Esa pila de papeles son mi cama. Está hecha de poemas de amor que no me han servido de nada y cartas no enviadas que sobrevivieran a fuego. No pienses que es incómodo. De algún modo u otro yo permanezco en vela casi todas las noches. A mis demonios no les gusta dejarme dormir. Les da por visitarme y acecharme y no siempre me gusta";

Fotografía de: Lucía R. "Etruska".

"Allá en aquel rincón están mis fotografías. Me encanta vestirme bonita y tomarme fotografías, pero si se lo dices a alguien nadie te creerá, ellos creen que odio las cámaras porque es lo que yo les digo. ¿Sabes?, mis labios y mi verdadera yo no se ponen de acuerdo cuando hay personas rondando cerca, por eso nadie me conoce por lo que soy. Y me gusta que así sea. A nadie le gustaría escuchar mis descabellados teorías sobre porqué pienso que el infierno está en la tierra o sobre mis muchas metáforas. Además ellos no me entenderían, pobrecillos viven encadenados al lenguaje literal. Cuando yo digo demonios me refiero a mis vivencias rudas, ellos entenderían algo con cuernos y una cola. No encuentro que es lo divertido del lenguaje literal, es muy aburrido. A mi me gusta hablar con metáforas con enigmas. A mi me gusta decir que el silencio ensordece, que la oscuridad deslumbra, que parimos muerte, todo lo que para mí tiene sentido, para ellos no.
Veras, no soy muy buena con eso de socializa, prefiero quedarme sola en casa y aguantar a mis demonios que salir con alguien, pero me he venido sintiendo tan sola que a veces me entra el deseo de socializar y de encontrar, también, a alguien que me ame y a quien amar (porque también soy cabrona y no amo a los que ya me aman. Al contrario, los aborrezco a todos), pero es un círculo vicioso que nunca acaba. No obstante, aún no he decidido dejarlo".

Se sentó en su cama de hojas y se absorbió a si misma en quién sabe que  mundo siendo quién sabe quien más. Volvió unas horas después. Yo estaba sumergida en "Jane Eyre".

-Disculpa, estaba siendo otra persona - sonrío divertida - en mi imaginación tuve que matarte porque ahora sabes demasiado sobre mi y emparede tus restos en la última habitación vacía que me queda. Serías el últimos de mis secretos. Luego quemaría la casa y me conseguiría una nueva vida siendo alguien que no soy - noto mi alarma - pero no sufras, no soy capaz de llevar a cabo mis planes criminales. El cielo te ampara por eso. 

Se puso de pie, miró el reloj de arena que hacía mucho se había quedado sin granos y luego fue a abrir la puerta.

-Deberías marcharte ya, el aire que se respira en esta casa después de que se pone el sol no será bueno para tu salud. Además, yo supongo que algunos inquilinos ya están por llegar y no les gustan las visitas, eso los inquieta y les entran ganas de morder - agregó luego de unos minutos. 
-¿A quienes? - me mostré asustada.
-A mis inquilinos. Te hablé de todos y cada uno de ellos. Mis demonios son implacables, no deben encontrarte aquí, será mejor que te vayas.
-¿Qué pasará contigo? - comenzaba a ver donde iniciaba su valentía.
-Me quedaré aquí - también podía ver dónde terminaba. Ella temblaba y vacilaba, pero al mismo tiempo se mostraba firme - ellos me destruyen cada noche, pero no me matan. Me necesitan para divertirse, así que me dejan con vida. No son capaces de soltar a su juguete. No temas por mí, estaré bien mañana por la mañana, siempre y cuando salga el sol.
-¿Qué hacen ellos contigo? - de pronto me importaba lo que pudiera pasarle.
-Ellos se adueñan de mí, de mi mente y mi cuerpo. Me obligan a hacer daño a todo lo que vea, pero como lo único que veo aquí soy yo misma, mutilo mi cuerpo - reparo en las heridas de sus manos. No sólo en sus nudillos, también en sus muñecas - por eso vivo sola - noto que se alarma - me he olvidado de cerrar la primera habitación. Es hora de que te vayas, puedo escuchar llegar a los que estaban fuera y la perilla de la habitación esta girando.
-¿A dónde voy? 
-Sigue el sendero - señaló veloz mientras me empujaba fuera de la casa - sigue derecho y en unos veinte minutos encontraras el pueblo. No les hables de mí, finge haberte perdido, diles que caminaste en círculos por horas.
-¿Quién eres tú? - me negué a irme sin saberlo. Podía ver su desesperación en sus ojos. Temía más por mí que por ella. Veloz como estrella levantó un espejo que tenía cerca y vi mi reflejo. Ella y yo, eramos exactamente iguales, las mismas pecas, los mismos ojos ambarinos, la misma cicatriz en la mejilla. Me dolía la cabeza.
-La otra mitad, tu gemela añorada, esa que vive dentro de ti. Soy todo lo que te niegas a ser y aceptar, soy la muralla que recibe todos los golpes, la que te protege. Ahora vete - cerró la puerta de golpe y escuche correr mil cerrojos. No hubiera importado si yo hubiera pateado la puerta hasta el cansancio, esta no hubiera cedido.

"Los demonios están llegando a casa y quieren divertirse hoy" 
Esa fue su voz y la que siguió fue su risa, pero todo me pareció dicho a la fuerza. Tal vez ya no era ella misma y es que ahora ya no estaba sola ahí dentro. Había dejado sin llave la primera puerta, uno de los inquilinos más mordaces estaba afuera. ¡Mi pobre hermana! Va a pasar una terrible noche.

No recuerdo haber recorrido el sendero de regreso, ni haber llegado a ninguna parte, pero me encontré a mi misma dormida a la sombra de un frondoso árbol con esta sensación de escalofrío que me recorre entera. Quizá llegué hasta aquel árbol y me desmayé, pero adivino que sin importar cuanto lo intente no recordaré nada más. 
Le pido no me haga más preguntas, me ha tomado dos noches completas relatarle esto. Me niego a volver a hablar de ella. Mi hermana es extraña hasta la médula, como las historias que le gusta contar. 

Atentamente: 
La otra mitad, la que mantiene la cordura. 
********************

Usualmente no hago comentarios al final, pero este merece la pena. Las fotografías de esta publicación son todas obra de una mujer talentosa, cuyo trabajo me tiene encantada. Me encontré sus fotografías por casualidad y las plasmé aquí sin saber nada sobre su autora. Ahora que sé quién es, sugeriría que dieran una mirada a su blog. Ella es Lucía Rodríguez, pero prefiere ser conocida como Etruska
Besos infinitos. 

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