Su falda baila al compás del vaivén de sus caderas y dibuja tenuemente su silueta a través de una cortina
de humo. Mis ojos siguen la oscilación expectantes, cada cierto tiempo mi mirada encalla en alguna de sus curvas, en la de sus caderas, en la de su cintura, resbala por su trasero firme, se anida entre sus pequeños pero formados senos, se deleita nadando en la laguna de la comisura de sus labios rojos.
De pronto ya no me basta con mirarla, llevo todo un semestre así, observándola a la distancia, incapaz de acercarme a recordar viejos tiempos a traer aquellas antiguas memorias desde el más allá para tener contacto verbal con ella y quizá, sólo quizá, otro tipo de contacto.
Me pongo de pie con indecisión y divago a cada paso que doy en su dirección, ella está ahí con esa melena salvaje y pelirroja que se ondula cerca de sus hombros para enmarcar su bonito rostro. Mi estomago comienza a hormiguear cuando la tengo a menos de un metro de distancia, una vez que sus ojos se posan sobre mí todo me da vueltas. Me sonríe, reconoce mi rostro y dulcemente se aleja de los demás para encontrarme.
Está frente a mí, no hace otra cosa que no sea mirarme. Sus esmeraldas escudriñan mi ahora robusto cuerpo y entre suspiro y suspiro crece la ausencia de distancia entre nuestros cuerpos. No recuerdo haber crecido, pero a juzgar por la estatura de ella, yo sí lo he hecho y si quisiera besarla tendría que levantarla en brazos. No me importaría hacerlo, a decir verdad. Después de lo que parecen mil horas ella sonríe y dice mi nombre, lo pronuncia suave y su lengua acaricia su última erre. No esperaba encontrarme aquí, pero a juzgar por su mirada, era una grata sorpresa.
-¿Qué ha sido de ti? - me pregunta. Nunca sé que responder a esa pregunta - ¿Aún eres un aficionado a los juegos de mesa y esas cosas? - ella me recuerda tanto como yo a ella.
-Sí, pero me he vuelto verdaderamente bueno en muchos de ellos, te sorprenderías - dejo que esa oración salga con un aire seductor y ella lo atrapa a la perfección. Su rostro se ha coloreado de arrebol.
-Me gustaría que me sorprendieras - expresa mientras su sonrisa descubre su uniforme dentadura - ¿Vives lejos de aquí? Mi casa sería un problema.
-Con el tráfico y todo eso nos tomaría al menos una hora en mi motocicleta, pero mi habitación no sería problema, vivo solo - la miro.
-Muy interesante - se da media vuelta y coge su mochila - vamos, apuesto a que aún puedo ganarte en una partida de ajedrez - se dirige divertida hasta el estacionamiento y yo la sigo segundos después de echarme mi mochila al hombro.
Encontrar mi moto y burlar la seguridad del estacionamiento para poder salir antes de que las clases terminen no es problema. Usualmente dejo la institución antes porque tengo que salir a trabajar, pero hacerlo con ella sentada detrás mío lo hace un poco más complicado. De una u otra manera logro burlar a Pepé y salgo victorioso con mi vieja amiga de juegos abrazada a mi cintura. Soportar el tráfico no significa nada, mientras ella me abrace, el calor tampoco me importa en lo más mínimo.
Una vez en mi departamento, la invito a sentarse en mi sofá cama, aunque esté desordenado. Hace una semana que no limpio. Ella suelta su mochila y esta cae al suelo casi al mismo tiempo en que sus brazos me rodean el cuello y sus labios se posan sobre los míos en un beso intenso y placentero. Tardo segundos en acoplarme a ella y rodear su cintura con mis brazos, en posar mis manos firmemente sobre sus caderas y atraer su vientre hacia mi pubis. Ella desordena mis cabellos azabache mientras su lengua y la mía bailan rítmicamente en una fiesta improvisada de la que no se vale salir solo. El beso es tan intenso que nos hace retroceder paso a paso, como en una coreografía hasta que la pared nos detiene, es entonces cuando ella encalla una de sus piernas en mi cintura y yo, osado como de costumbre, tiento firmemente su suave piel por debajo de su falda. Me descuido apenas unos segundos, perdido ante aquel roce maravilloso, y ella se las ingenia para encontrar mi cuello y divertida traza un camino invisible con su nariz, produciéndome cosquillas, luego, sus labios remarcan ese sendero, enviando señales eléctricas a todo mi cuerpo, en especial a mi pubis.
La levanto en brazos con algo de dificultad, hace mucho que no ejercito y ella no es precisamente menuda, no me gustaría de ser así, y la recuesto sobre mi sofá cama donde ella se deja explorar y besar, donde continúa jugueteando con mis cabellos y acariciando mi cuello con las yemas de sus dedos, mi piel estremece ante su tacto. Algo está empezando a suceder en mi entrepierna. Pierdo el control poco a poco.
Me aventuro a desabotonar su blusa, pero ella me lo impide. Antes de continuar, me propone algo, quiere jugar. Algo me dice que está por darle a los juegos de mesa un significado diferente.
Me pongo de pie con indecisión y divago a cada paso que doy en su dirección, ella está ahí con esa melena salvaje y pelirroja que se ondula cerca de sus hombros para enmarcar su bonito rostro. Mi estomago comienza a hormiguear cuando la tengo a menos de un metro de distancia, una vez que sus ojos se posan sobre mí todo me da vueltas. Me sonríe, reconoce mi rostro y dulcemente se aleja de los demás para encontrarme.
Está frente a mí, no hace otra cosa que no sea mirarme. Sus esmeraldas escudriñan mi ahora robusto cuerpo y entre suspiro y suspiro crece la ausencia de distancia entre nuestros cuerpos. No recuerdo haber crecido, pero a juzgar por la estatura de ella, yo sí lo he hecho y si quisiera besarla tendría que levantarla en brazos. No me importaría hacerlo, a decir verdad. Después de lo que parecen mil horas ella sonríe y dice mi nombre, lo pronuncia suave y su lengua acaricia su última erre. No esperaba encontrarme aquí, pero a juzgar por su mirada, era una grata sorpresa.
-¿Qué ha sido de ti? - me pregunta. Nunca sé que responder a esa pregunta - ¿Aún eres un aficionado a los juegos de mesa y esas cosas? - ella me recuerda tanto como yo a ella.
-Sí, pero me he vuelto verdaderamente bueno en muchos de ellos, te sorprenderías - dejo que esa oración salga con un aire seductor y ella lo atrapa a la perfección. Su rostro se ha coloreado de arrebol.
-Me gustaría que me sorprendieras - expresa mientras su sonrisa descubre su uniforme dentadura - ¿Vives lejos de aquí? Mi casa sería un problema.
-Con el tráfico y todo eso nos tomaría al menos una hora en mi motocicleta, pero mi habitación no sería problema, vivo solo - la miro.
-Muy interesante - se da media vuelta y coge su mochila - vamos, apuesto a que aún puedo ganarte en una partida de ajedrez - se dirige divertida hasta el estacionamiento y yo la sigo segundos después de echarme mi mochila al hombro.
Encontrar mi moto y burlar la seguridad del estacionamiento para poder salir antes de que las clases terminen no es problema. Usualmente dejo la institución antes porque tengo que salir a trabajar, pero hacerlo con ella sentada detrás mío lo hace un poco más complicado. De una u otra manera logro burlar a Pepé y salgo victorioso con mi vieja amiga de juegos abrazada a mi cintura. Soportar el tráfico no significa nada, mientras ella me abrace, el calor tampoco me importa en lo más mínimo.
Una vez en mi departamento, la invito a sentarse en mi sofá cama, aunque esté desordenado. Hace una semana que no limpio. Ella suelta su mochila y esta cae al suelo casi al mismo tiempo en que sus brazos me rodean el cuello y sus labios se posan sobre los míos en un beso intenso y placentero. Tardo segundos en acoplarme a ella y rodear su cintura con mis brazos, en posar mis manos firmemente sobre sus caderas y atraer su vientre hacia mi pubis. Ella desordena mis cabellos azabache mientras su lengua y la mía bailan rítmicamente en una fiesta improvisada de la que no se vale salir solo. El beso es tan intenso que nos hace retroceder paso a paso, como en una coreografía hasta que la pared nos detiene, es entonces cuando ella encalla una de sus piernas en mi cintura y yo, osado como de costumbre, tiento firmemente su suave piel por debajo de su falda. Me descuido apenas unos segundos, perdido ante aquel roce maravilloso, y ella se las ingenia para encontrar mi cuello y divertida traza un camino invisible con su nariz, produciéndome cosquillas, luego, sus labios remarcan ese sendero, enviando señales eléctricas a todo mi cuerpo, en especial a mi pubis.
La levanto en brazos con algo de dificultad, hace mucho que no ejercito y ella no es precisamente menuda, no me gustaría de ser así, y la recuesto sobre mi sofá cama donde ella se deja explorar y besar, donde continúa jugueteando con mis cabellos y acariciando mi cuello con las yemas de sus dedos, mi piel estremece ante su tacto. Algo está empezando a suceder en mi entrepierna. Pierdo el control poco a poco.
Me aventuro a desabotonar su blusa, pero ella me lo impide. Antes de continuar, me propone algo, quiere jugar. Algo me dice que está por darle a los juegos de mesa un significado diferente.
-¿Qué tal eres en ajedrez? ¿Haz mejorado? - se acomoda el cabello alborotado mientras sus enrojecidas mejillas retoman poco a poco su pálido color blanco. Reacomoda su blusa y desarruga su falda, luego sus ojos se posan sobre mí y sonríe divertida - me gustaría una partida.
-He mejorado mucho en ajedrez - presumo mientras fajo mi camiseta de nuevo - pero si quieres puedo darte ventaja - me mira con recelo - seré amable, te lo prometo - le digo mientras saco un maltratado tablero de mi mochila.
-¿Siempre cargas con él? - se sorprende.
-Te dije que he mejorado - le sonrío - ¿segura que quiere jugar contra un profesional?
-Te propongo algo - captura mi atención - por cada pieza que tu me quites, me quitaré una prenda.
-Ajedrez no es sobre quitar piezas - finjo desinterés mientras acomodo las piezas en el tablero - es sobre astucia, se trata de meterse en la mente de tu oponente y adelantarse a sus movimientos antes de que a él mismo se le ocurran siquiera.
-¿Cuando te volviste nerd? - ríe - lo sé. He jugado ajedrez. Sólo trataba de hacerlo más rápido, una partida podría tomarnos horas.
-Apuesto a que puedo ganarte en menos de una hora - digo con autosuficiencia - tendría tiempo de sobra para seducirte y hacer contigo todo lo que la palabra seducción pudiera conllevar.
-¿Es eso un desafío? - se me acerca. Yo asiento y ella sonríe - bien. Tienes una hora para vencerme, si no lo has hecho entonces, me iré a casa. Se sienta en mis piernas y mueva la primera pieza - las damas primero.
Tengo que confesar que tenerla sentada sobre mis piernas me hace difícil concentrarme. Además, ella está acariciando mi entrepierna, casi llegando a mi miembro y eso me causa mayor distracción. No está jugando limpio, pero dos podemos jugar a lo mismo. Acaricio suavemente su entrepierna con la mano que tengo libre y antes de que pueda evitarlo, introduzco dos de mis dedos en sus genitales, buscando ese pequeño botón sensible al tacto. Ella se estremece cuando lo encuentro, pero trata de fingir concentración.
Somos dos locos tratando de sabotearse. No obstante, puedo sentir como se humedece al mismo ritmo que mi miembro se endurece. Me concentro tanto como puedo, muevo mis piezas con cuidado, sé lo que quiere lograr con ese alfil y ese caballo, ingenuamente colocados en sus posiciones, pero no está atenta a mis movimientos, no advierte que estoy a punto de dar mi golpe de gracia.
-¡Jaque mate! - le sonrío. Ella sigue mirando el tablero por un momento, una vez que se da cuenta de lo que pasó mira su reloj. Estoy dentro del límite de tiempo, lo he conseguido.
-Un trato es un trato - me dice mientras se pone de pie y se vuelve hacia mí, yo permanezco sentado. Ella se desabotona la blusa y se la quita, después se quita la falda y me monta, me corona el vencedor con un beso intenso y divertido. Yo acaricio su espalda, primero con curiosidad, me dedico a sentir su suave piel debajo de mis dedos, no quiero correr, tengo tiempo de sobra para lo demás. Ella se levanta y me lleva al sofá, me pide que me quite mi camiseta y mis pantalones, no titubeo y lo hago. Nos tumbamos en mi sofá y nos besamos hasta la sombra. Recorro con mis manos cada poro de su piel, de su cuerpo, luego mis labios besan hasta su alma: su cuello, sus pezones, su entrepierna. Ella también es osada, también toca y me besa, explora y descubre, se divierte al hacerme estremecer.
Me recuesto sobre ella y ella abre sus piernas para recibirme duro y firme. Después de los maravillosos preámbulos entro en ella suavemente, está húmeda y ha dilatado, pero quiero hacer esto con suavidad, al menos al principio.
Estoy concentrado en ella, en el ahora, en el nosotros, besando sus ojos, su nariz, sus labios, su cuello, al tiempo que entro y salgo de ella. Ha comenzado a ponerse intenso, ella se aferra a mi espalda y sus uñas marcan un camino enrojecido de placer. Yo me aferro a sus caderas porque estoy a nada de encontrarla, de encontrarme, estamos a punto de explotar y volvernos aire. Embisto con fuerza, empujando su vientre, la escucho jadear más fuerte, la siento quedarse sin aire, la estoy perdiendo, se va, se ha ido y yo me he venido también. Todo en mi mente ha quedado alborotado.
Después de la explosión, la realidad me devolvió a mi asiento del salón. Ella sigue donde mismo y yo sigo sin atreverme a cruzar el aula para invitarla a salir, porque la he hecho mía con tanto amor tantas veces, que creo que se merece un café o un helado de cortesía. En fin, mientras me puedo armar de valor, me conformo con el roce de su mirada con la mía y con esa vaga sonrisa que la he visto dirigirme, porque obviamente se acuerda de mí, pero tampoco se acerca a saludarme.
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Esta es una experiencia nueva. Es la primera vez que escribo un texto erótico, espero que sea de su agrado.
Un verdadero placer escribirles.
-Fabi G.

Wow... 🍷🌡️
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