Descripción

Bienvenidos a mi subconsciente. Por favor, no toquen nada y recomiendo husmear con cuidado, mis demonios andan sueltos.

miércoles, 4 de febrero de 2015

"Hasta agotarse la existencia"


Escribí esta historia hace ya unos años. Recuerdo que la utilicé para participar en una convocatoria cuando tenía dieciséis años. El tema de la convocatoria era "El amor en el fin del mundo" o algo por el estilo. Recuerdo que no sabía exactamente que idea plasmar en papel, hasta que mi mejor amigo me dijo: "Eso es fácil, todo el mundo amaría en el fin del mundo. Nadie quiere morir sólo". Después de eso, me nació esta idea. Quiero compartirla aquí no porque considere que sea buenísima, ni lo mejor que he hecho, pero es, en sí una de las historias más antiguas que conservo de cuando escribía en la preparatoria. Es especial para mí.  


Lo conocí varios años atrás, Iván Montés. Tomaba clases de piano por las tardes igual que yo. Él era un estudiante avanzado, yo por mi parte aún estaba aprendiendo. El día que nos cruzamos por primera vez yo necesitaba ayuda con una melodía y él se acerco a ayudarme. Así empecé a conocerlo y comenzamos a vernos fuera de las clases. Cada cita nos unía mucho más. Los días se convirtieron en meses, los meses en años, y 7 años después nosotros permanecíamos juntos. A pesar del tiempo, de todo lo que habíamos pasado juntos y la situación global Iván me amaba tanto como yo a él, estábamos siempre en conexión y gracias a la  música creamos un lazo inquebrantable entre nosotros, tanto que Iván compuso en piano una bella melodía, que llamo “La Sinfonía de mi Sol” y me la dedico a mí el día de mi cumpleaños, fue el regalo más maravilloso que alguien me dio en la vida, era por razones como esas que  yo lo amaba.
El mundo estaba vuelto loco, todo estaba puesto de cabeza, el crimen era incontrolable, la marginación aumentaba, la economía iba por los suelos y aun así, las cosas continuaban empeorando. La moral a nivel mundial estaba decayendo y la paz era solo un recuerdo; la contaminación era evidente, los recursos naturales comenzaban a escasear y toda forma de  vida sobre la tierra estaba en peligro. No había nada que salvar y  la fe estaba por perderse, es entonces cuando el hombre comienza a preocuparse, al borde del caos.
Con esta situación, sucedió mi pelea con Iván, fue una tarde de verano en la que estuvimos  juntos, pasados tantos años de relación todo parecía llegar a su fin. Como olvidarlo, nos habíamos peleado por una tontería que ya ni siquiera recuerdo, pero estaba molesta, así que tomé mis cosas y me fui. Pase lejos de su lado casi medio año y aunque nunca deje de amarlo, mi excesivo orgullo me impedía volver en su búsqueda.
Un día decidí volver a la ciudad a visitar a mis padres, llegue muy temprano y pase el día con ellos, vi a Iván pasar por ahí, note que me miraba, pero preferí ignorarlo y entre a la casa. Al día siguiente, nadie lo sabía, pero todo estaba por cambiar. La mañana fue normal, hasta que después del medio día, se desato el caos, un terremoto de gran magnitud estremeció el mundo entero y el cielo se vistió de oscuridad para todos, después llegaron los truenos y relámpagos. Recuerdo que yo estaba afuera tratando de buscar sobrevivientes de mi familia, cuando me tope con Iván, no había momento para rencor, era como si la furia de nuestro Dios se estuviera desatando sobre la tierra. Grandes bolas de granizo comenzaron a caer del cielo, Iván me tomo del brazo y comenzó a correr buscando refugio. – Jamás debí dejarte ir, te he extrañado demasiado, Sol – me decía mientras corríamos por nuestras vidas – y yo no debí irme así – respondí. Aquello estaba escrito y ya no había nada que hacer, solo pedir piedad  y misericordia.
Iván consiguió ponernos a salvo y encontró un lugar para quedarnos, hasta que a media noche, otro temblor  nos despertó y nos hizo salir de ahí entre truenos, relámpagos, granizo y oscuridad. Así empezamos a huir del peligro juntos, sabíamos que nada iba a mejorar porque ya casi no teníamos agua pura, ni tierra segura para caminar; había muertes y las personas estaban perdiendo la Fe, inclusive Iván, un día empezó a dudar y entro en una crisis nerviosa, por suerte pude ayudarlo a entrar en razón y que recobrara su esperanza de seguir.
El mundo ya no era mundo, ya no quedaba nada. Una mañana desperté y me vi a mí y a Iván sin ninguna fuerza, con hambre y sed, en agonía, era todo y creo que lo sabíamos. Yo ya no podía ni levantarme e Iván apenas podía con su alma. De nuevo la tierra comenzó a estremecerse y luego a dividirse, él y yo nos miramos a los ojos  sin ninguna esperanza, nos acercamos el uno al otro y nos abrazamos, nos besamos con toda el alma y él me dijo: -- No debes temer, estaremos juntos hasta que el mundo acabe y al morir estaré a tu lado. Yo volví a besarlo y luego él me abrazo con todas sus fuerzas.
Lo único que recuerdo después de eso es a Iván tarareando aquella melodía que escribió para mí como un obsequio en uno de mis cumpleaños, seguida de un gran estruendo antes de quedarnos dormidos los dos.

Creo que fui buena persona después de todo porque al final Dios me dio la oportunidad de morir en los brazos del amor de mi vida. Y aunque tal vez no quedará persona para contarlo, quiero que quede claro que ame a Iván de la manera más humanamente posible, hasta el fin de todo y que si hay más vida después de esto, lo seguiría amando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario