Descripción

Bienvenidos a mi subconsciente. Por favor, no toquen nada y recomiendo husmear con cuidado, mis demonios andan sueltos.

sábado, 11 de julio de 2015

"Sueño griego"




¿Dónde estoy?


El lugar en donde me encuentro parada es un espectáculo digno de admirar, un enorme salón de baile con estatuas de mármol extendiéndose a lo largo de cada lado de la sala.El suelo brilla  reflejando el acabado del cielo-raso en el techo y  el candelabro se encuentra al centro de todo, debe contener al menos mil velas. Las pequeñas lamparas en la pared terminan de iluminar los recovecos del lugar y le dan ese aire de romanticismo que te hace suspirar y querer estar enamorada. Una hermosa pieza de autentica arquitectura griega que ha sobrevivido a los años. 




No recuerdo haber escuchado música cuando aparecí aquí, pero ahora que estoy prestando atención hay una suave melodía instrumental ambientando el momento. La canción cambia, las notas románticas y delicadas producen un vaivén involuntario en mis caderas y son torpemente seguidas por mis inhábiles pies. Voy lentamente siguiendo el ritmo y me siento divertida de bailar sin que nadie me vea. Después de un rato, me acerco a las estatuas y me imagino que cada una de ellas es un caballero, un pretendiente diferente invitándome a bailar. Acepto bailar con algunos, rechazo a pocos  pero me hace feliz sentirme así de libre. Mis pies se mandan solos y mi cuerpo ahora agraciado se desliza por todo el salón de un lado a otro bailando apasionada. Dejo escapar una carcajada de júbilo y esta resuena a través de toda la habitación, invadiéndolo todo.


La canción vuelve a cambiar, esta vez en más lenta, aminoro mis movimientos. Tardo poco en darme cuenta de lo deprimente que es esta canción. Mi cuerpo ha detenido su deseos de bailar. Ahora se siente tenso, tiene un mal presentimiento. Casi por instinto comienzo a retroceder, lo hago segundos antes de que las estatuas se vengan abajo y que el suelo comience a cuartearse, la habitación se desintegra. Una a una, veo a las lamparas apagarse y a las estatuas caer al suelo  haciéndose  añicos. Voy de un lado a otro, tratando de ponerme  salvo hasta que finalmente estoy al centro de la sala de baile, con miedo. Todo ha desaparecido, la mayor parte del piso, las paredes, la luz, las ventanas. No queda nada. No sé qué hacer, no tengo a dónde ir, no hay manera de salir. Hacia atrás o hacia adelante, izquierda o derecha, arriba o abajo, es lo mismo: no hay nada. No hay salida. Me arrodillo en el suelo y trato de mantenerme serena mientras mis lágrimas amenazan con derramarse cual lluvia en diluvio. Estoy muy asustada, me siento como una niña en medio de la oscuridad. 






Un temblor sacude el pequeño espacio que queda y yo puedo ver como el candelabro está apunto de caer sobre mi cuerpo con sus velas cálidas. La cera caliente comienza a caer por las oscilaciones que la sacudida produce, cae sobre mi piel y me quema. En cuestión de minutos veo al ígneo aproximarse hacia mí y lo único que yo hago es proteger mi cabeza con mis manos y hacerme un ovillo en el suelo, aceptando que moriré. Espero a que las velas y el metal caigan sobre mí de una buena vez y que me den paz, pero eso no ocurre. Muy por el contrario, hay alguien parado frente a mí que tira de mi cintura y segundos antes de la catástrofe me saca de ahí, salvando mi vida. Lo observo bien y lo primero que veo son sus ojos, la manera en la que se entrecierran cuando se sonríe y cómo sus pestañas son cortinas hermosas que adornan sus ojos. Me veo tentada a jugar con su cabello rizado de aspecto alborotado y a acariciar su tersa piel blanca, suave como el mármol.

Apenas alcanzo a decir gracias me doy cuenta de que estoy de vuelta en el mismo salón y que la música de nuevo está sonando. Puedo sentir como mi cuerpo reacciona ante ella y pronto esta bailoteando de un lado para el otro. Esta vez siento un par de manos sujetando mi tallo, una sensación placentera se extiende por todo mi cuerpo y cuando el me abraza, el miedo simplemente me abandona. Su calor y el mío se hacen uno como dos cuerpos sometidos a la ley cero de la termodinámica. Me toma de la mano y me lleva lentamente por toda la pista de baile, sus pies son igual de torpes que los míos haciendo de nuestro baile algo inocente y divertido. Me rodea con sus brazos y aminora su ritmo, acerca su cuerpo al mío, apenas percibo el suave vaivén de nuestros pies. 

Estamos quietos uno frente al otro, él toma mis manos con ternura, las lleva hasta sus labios y las besa. Sonrío y el lo hace también, puedo ver su perfecta y blanca dentadura asomarse entre sus labios rosados y perfilados. Su labio inferior atrapa mi mirada, es bonito y carnoso provoca besarle, morderle quizá. Me pierdo en su rostro tan suave por un rato, es atractivo, me inspira seguridad. Tiene aire protector que me hace querer estar sólo a su lado, en ningún otro lugar. Él también está perdido en el marrón de mis pequeños ojos, creo  que ha dicho algo. Me obligo a prestar atención a las palabras. Ha dicho algo dulce y gracioso, yo río a carcajadas antes de volver a mirarlo. Estar tan cerca es una sensación hermosa.





















Como si todo aquel momento fuera poco él decide que no es suficiente fantasía y planta un casto beso en mis labios. Lo que siento en el momento en el que sus labios me tocan es paz, una paz bendita que se esparce por todo mi cuerpo, luego siento calor y al final un cosquilleo, una indefensa descarga eléctrica recorriendo mi sistema nervioso una y otra vez. Él me besa, me acaricia, me respira, se bebe mi alma a través de algo tan inocente como lo es su beso. Me he olvidado ya de todo, del día de la hora, del lugar...¿El lugar?

¿Dónde estoy?  

Otra vez me quede dormida en el viejo jardín de mis abuelos, igual que siempre me recosté a en la fuente a admirar las estatuas y sin quererlo, me quedé dormida. No obstante, una sensación de calidez se alberga en mí pecho, un cosquilleo está alborotando a mi estómago. Hay una orquídea hermosa flotando en la vieja fuente, no estaba aquí antes de que yo me quedase dormida. La observo con cuidado y me doy cuenta de que esta orquídea se parece a las flores pintadas en el patrón del salón  de baile que vi en mis sueños. Las orquídeas son mis flores favoritas. 

La observo de cerca y suspiro feliz mientras me recuesto de nuevo sobre la fuente. 

Quién sabe, puede que después de todo él no haya sido sólo un sueño. 

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