(En una comisaría)
-Oficial, le digo que soy inocente. He matado para hacer justicia, no por placer. No he disfrutado ni por un momento en ver como sus ojos parecían saltar de sus cuencas, ni me agrado la dulce sensación de la piel de su cuello presa entre mis robustas manos, ¿cómo puede usted pensar que sentí júbilo cuando una a una rompí todas su costillas para quitarle el aliento? No puede estarme incriminando de algo así. La muerte de mi esposa es demasiada tragedia para soportar, sus insinuaciones están de más, ¿puedo retirarme?
¿Qué más necesita escuchar? Ya le dije que fui un esposo paciente, espere con alevosía para verla cruzar el umbral de nuestra casa por última vez, acaricié su barbilla para besarla antes de arrojarla contra el suelo, detuve sus lágrimas con mis puños porque no soporto verla sufrir, me deshice de la indumentaria para no ensuciarla, sé cuanto le cuesta lavar su suéter favorito que en aquel momento llevaba puesto. Eso es todo lo que tengo que decir.
¿A qué se refiere con qué estoy arrestado? ¿Qué no acaba de escuchar lo que le dije? La verdad brilla a plena vista, fue sólo un acto de justicia, ahora mi hija tiene a su madre a su lado y me dejará en paz.
¿Qué diablos quiere decir con qué mi hija murió hace 5 años en un accidente automovilístico? Mi esposa y ella sobrevivieron a eso juntas, pero por alguna razón después de eso ellas dejaron de hablarse. Mi pequeña bebé jamás superó tal rechazo, por eso estaba siempre en el mismo rincón de la casa, mirándome con unos nuevos ojos amarillos (que ahora que lo pienso no recuerdo como es que aparecieron), gritándome, ordenándome, suplicándome que obligara a su madre a escucharla. Ya no podía negarme, así que una noche mientras ella arañaba la pata de mi lado de la cama, accedí a seguir su juego favorito: "Simón dice". Todo lo que hice fue jugar, creo que gané porque cuando terminó el juego mi hija sonrío y mientras su madre huía de su cuerpo inerte ella echó a correr detrás suyo, era una sonrisa picara y traviesa apuesto a que se están divirtiendo mucho dónde quiera que estén.
Puede burlarse todo lo que quiera, pero si va a arrestarme al menos hágame un favor, asegúrese de que ellas no me sigan a la celda, detesto que se empeñen en mirarme cuando voy a dormir.
Puede burlarse todo lo que quiera, pero si va a arrestarme al menos hágame un favor, asegúrese de que ellas no me sigan a la celda, detesto que se empeñen en mirarme cuando voy a dormir.
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