Descripción

Bienvenidos a mi subconsciente. Por favor, no toquen nada y recomiendo husmear con cuidado, mis demonios andan sueltos.

lunes, 6 de abril de 2015

El frío es parte también de mi



¿Alguna vez han visto "El origen de los guardianes"? Yo la amo con locura. Me puedo pasar todo un día viéndola. Una vez tras otra, no importa, puedo hacerlo. Un día que mi hermano menor estaba viendo "Frozen", se me ocurrió que Elsa y Jack Frost irían bien juntos en un montón de historias. Por todo eso de ser héroes de hielo. Hay muchas historias hilándose en mi cabeza que los involucran, pero la siguiente ha prosperado entre todas las demás.
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Oscuridad. Ese es mi primer recuerdo. Estaba oscuro, hacía frío y tenía miedo, pero luego vi  la Luna, era tan grande y era tan brillante y parecía ahuyentar la oscuridad. Y cuando lo hizo ya no volví a tener miedo. ¿Por qué estaba en ese lugar y que era lo que tenía que hacer? Eso nunca lo he sabido y parte de mí se pregunta si lo sabré. Mi nombre es Jack Frost, ¿qué cómo lo sé? La luna me lo dijo, pero no ha dicho nada más en las última cuatro décadas.

Primera parte
Me escabullo entre los arboles y siento el suelo frío en mis pies descalzos mientras estos palpan la nieve. Es una sensación placentera, divertida y energizante. Me inspira a hacer travesuras. Estiro mis brazos al aire y me desperezo mientras se me ocurre a que lugar quiero viajar hoy, quiero alejarme de lo que conozco, explorar nuevos rumbos. Alguien en todo el mundo tiene que poder verme. Yo lo sé. 

Me dejo llevar por el viento, absorto en mis propios pensamientos y apenas me percato de como cambia el sol conforme el día avanza y yo sigo planeando por entre los cielos. Atravieso mares y pueblos enteros, hacía mucho que no me había dejado llevar tan lejos. Me detengo en el momento en que la Luna se erige enorme e imponente en el cielo. Aterrizo suavemente en una rama de un frondoso árbol, sus capas de nieve me sirven de almohada y la suave escarcha del cielo me cobija mientras miro fijamente la Luna antes de quedarme dormido. Siempre con las mismas preguntas en los ojos, nunca una respuesta. 

Despierto al día siguiente y doy una vuelta por el lugar. Es un pueblo sumido entre las montañas, de clima acogedor, demasiado para encontrarse rodeado de montañas nevadas. Doy un paseo por entre las casas y observo a las personas ir y venir. A juzgar por su comportamiento tampoco pueden verme. Yo me paro en las cercas y hago piruetas y malabares, es inútil. Soy invisible aquí también. Es difícil concebir que no puedan verme, he hecho todo por lograrlo, pero no ha sido suficiente. Tampoco pueden verme aquí. Al parecer he arribado en un día importante, todos aquí hablan sobre una coronación. ¿Qué más da? Los reyes vienen y van. Las personas mueren y nadie las recuerda. Me pregunto si también yo tuve una vida y al morir todos se olvidaron de mi. ¿Después de morir recordamos quienes somos o simplemente lo olvidamos? ¿Quién soy yo en realidad? 

Me decepciona no haber encontrado nadie que pudiera verme, pero no estoy de humor para emprender un viaje a otro lugar y sufrir la misma decepción dos veces así que decido quedarme por un tiempo. Busco la copa de un árbol y me siento a observar el paisaje. A lo lejos las personas son diminutas hormigas que vienen y va de un lado a otro sin un objetivo en específico y el enorme río se impone como una frontera significante entre este misterioso pueblo y el resto del mundo. Si algún día llego a darme por vencido, sin duda vendré a instalarme aquí. 

El cielo y su arrebol me permiten ver otra cosa que no sea el blanco habitual de este lugar y el apacible agua del río es un espejo maravilloso que refleja el cielo, el pueblo y todo el esplendor que estoy presenciando. Hay días que son mejores que otros, este es mucho mejor que los que he tenido últimamente. A lo lejos, en el pueblo, la coronación ha iniciado y todos en el pueblo están en el castillo. No habrá mucho que ver el día de hoy, así que me recuesto cómodamente sobre la nieve y no tardo en quedarme dormido, pero no profundamente dormido, puedo escuchar la música de fondo y estruendosas carcajadas, debe ser una fiesta interesante. 

Después de un rato caigo en la cuenta de que no hay más música, el ambiente no está en paz. Las personas van de un lado a otro y se ven atemorizadas. El río también luce diferente. Se ha congelado. No he sido yo, he estado durmiendo toda la tarde, no pude haber sido yo. Planeo directo al pueblo y me entrometo entre las conversaciones para adivinar qué es lo que les ha pasado, pero no puedo entender qué es lo que dicen, sólo escucho partes de la conversación.
-¡Ha congelado en Fjord!
-El pueblo ha sido maldecido.
-La reina es malvada.
-Huyo a las montañas.
-¡Que caiga la reina Elsa de Arrendel!

¡Elsa!¡Arrendel! Yo estuve aquí antes. Hace unos diez años, no puedo creer que no lo recordara. Elsa, yo recuerdo a esa niña, ella pudo comunicarse conmigo. Pudo verme una vez. ¿A dónde se fue? A las montañas. No pierdo más tiempo, y me dejo llevar por el viento. En las montañas hay una tormenta arremolinada y terrible, no puedo ver con claridad y me cuesta estabilizar mi vuelo. ¿Dónde está? No puedo verla. Hay huellas por aquí, ¡ahí está! ¡Elsa!, ella ha crecido, no es más una niña. 

Me acerco a prisa, pero ella cierra las puertas del enorme castillo antes de que yo este suficientemente cerca. Ha creado un lugar maravilloso por sí misma. Aprendió a usar sus poderes, puedo verlo. Me rehúso a marcharme sin verla de frente. Merodeo por el escultural palacio y encuentro un balcón por donde escabullirme y logro entrar. Ella luce preciosa con su vestido azul de gasa y su cabello alborotado, pero tiene semblante triste. Sería genial que pudiera verme, pero no lo hace. Me siento en el suelo de hielo y me limito a observarla. No me doy cuenta de que a mi tacto también se produce escarcha en el suelo. Ella se percata del fenómeno. 

-¿Jack? ¿Jack Frost eres tú? - su voz es más hermosa ahora que ha pronunciado mi nombre.
-Elsa, estoy aquí - mira en todas direcciones, no puede verme. Me acerco a ella y agito mis manos frente a su cara  - mírame.
-Muéstrate - lo exige.
-Estoy en frente de ti, Elsa - tengo que pensar en una manera de hacer que sepa que estoy aquí. Pienso en el hielo y en la nieve. Produzco escarcha dentro del gran salón.
-Estás aquí - susurra y sonríe. Ha hundido un duro golpe en mi estómago con esa sonrisa - ¿por qué no puedo verte? 
-No lo sé - me acerco a ello y toco su mano con suavidad - pero estoy aquí.
-Puedo sentirte - el frío de mi tacto la ha obligado a mirar en mi dirección. Sus ojos azues ahora están clavados en los míos. No recuerdo que ella fuera tan hermosa. Extiende su mano hacía mi y palpa mi rostro, Me toma unos segundos asimilar que ella está tocandome y me sonríe - es difícil conseguir que hagas acto de presencia. 
-Elsa, ¿puedes verme? - le pregunto emocionado.
-Sí, Jack. Puedo verte - y salto de júbilo al darme cuenta de que ella me ve. Por fin alguien me ve. 


Saber que ella me mira desata en mi organismo un frenesí de emociones que vibran y chocan unas con otras. Algunas se estrellan contra mi corteza cerebral y otras se mantienen suspendidas en mis pensamientos. Elsa está atónita, pero se muestra contenta. Divertida y sorprendida retira su mano, la lleva hasta los pliegues de su vestido y hace una reverencia en mi dirección.
-Majestad – y me inclino ante ella. Cuando me incorporo la encuentro con semblante arrebolado, como el cielo del atardecer que contemple hace unas horas. No sabe si sonreír o mantenerse seria. Hacía mucho tiempo que no la veía tan tranquila. El aire fresco de las montañas le ha sentado bien y se ve libre.
-Jack Frost – su tono de voz glacial esconde mucho, pero no lo hace bien – La última vez que te vi yo tenía diez u once años. Hacías figuras en mi ventana y me decías que me tranquilizara. Te recuerdo.
-Lo sé, tú eras aquella niña asustada dentro del enorme castillo – recuerdo que tuve que convencerla de que yo también era un ente frío.
-Pensé que estabas en mi imaginación – se desanima – eres más alto de lo que recordaba.
-Me viste sólo por veinte minutos, luego dejaste de hacerlo – musito.
-Desapareciste después de eso – se queja.
-No es así, me fui días después. Me aparecía todos los días en tu ventana, pero a pesar de que mirabas a través del cristal no podías verme a mí. Fue de hecho, muy decepcionante.


Tuve que explicarle el asunto de la luna y del único recuerdo que tengo sobre mi origen. De como tenía frío y sentía miedo. Ella  entiende sólo la parte del miedo. Me veo obligado a describirle la escena de mí sumergido en el agua helada de algún lejano río y ella palidece aún más. Definitivamente no tenemos el mismo origen. Elsa nació con sus poderes, yo aparecí de la nada a  mitad de la noche, probablemente traído por la Luna. 

Después de escuchar nuestras historias, hay algunas cosas que nos han quedado en claro. Ninguno de lo dos tiene idea de por qué tenemos nuestros poderes, pero tenemos miedo de ellos, nos preocupa herir a alguien o jamás conseguir que las personas nos quieran o que nos vean. El miedo es lo que más nos une, el frío no es una buena cualidad para atraer personas, pero es parte de lo que somos. Ojalá ella pudiera al menos aceptarse a sí misma. 
Había pensado que el castillo era una buena señal, pero no lo es. Ha pasado de un área aislada a otra y es la misma niña de once años que tenía miedo, solo que ahora es mayor y está harta de las cadenas, está tratando de huir de ellas. No lo hace bien, aún no es libre. Es esclava de sí misma, pero no puede verlo.

...continuará.






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