¿Dónde estoy?
El lugar en donde me encuentro parada es un espectáculo digno de admirar, un enorme salón de baile con estatuas de mármol extendiéndose a lo largo de cada lado de la sala.El suelo brilla reflejando el acabado del cielo-raso en el techo y el candelabro se encuentra al centro de todo, debe contener al menos mil velas. Las pequeñas lamparas en la pared terminan de iluminar los recovecos del lugar y le dan ese aire de romanticismo que te hace suspirar y querer estar enamorada. Una hermosa pieza de autentica arquitectura griega que ha sobrevivido a los años.
No recuerdo haber escuchado música cuando aparecí aquí, pero ahora que estoy prestando atención hay una suave melodía instrumental ambientando el momento. La canción cambia, las notas románticas y delicadas producen un vaivén involuntario en mis caderas y son torpemente seguidas por mis inhábiles pies. Voy lentamente siguiendo el ritmo y me siento divertida de bailar sin que nadie me vea. Después de un rato, me acerco a las estatuas y me imagino que cada una de ellas es un caballero, un pretendiente diferente invitándome a bailar. Acepto bailar con algunos, rechazo a pocos pero me hace feliz sentirme así de libre. Mis pies se mandan solos y mi cuerpo ahora agraciado se desliza por todo el salón de un lado a otro bailando apasionada. Dejo escapar una carcajada de júbilo y esta resuena a través de toda la habitación, invadiéndolo todo.